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Thelma
Una reseña de Xavi Cortés - Thelma (Joachim Trier, 2017)
Visualmente poderosa Thelma es una película que se escribe con encuadres y sonidos, haciendo uso de la palabra solo en momentos imprescindibles. Unos cuidados diálogos y una formidable dirección de actores a cargo de Joachim Trier, director y coguionista, se deslizan por un impresionante paisaje nórdico que acompaña a la psicología de los personajes. En algunos momentos recuerda en la forma de tratar el género a la sueca ‘Déjame entrar’ que transforma una película de vampiros en un drama psicológico y social. Thelma juega al mismo juego, explora el subgénero de los poderes de chicas adolescentes con una profundidad psicológica que abruma. Que nadie espere ver una película de efectos, ni de sustos, su director huye directamente de utilizarlos. El terror está en el estrés, en la auto-tortura y en los sentimientos de culpa de sus personajes. El sofisticado lenguaje visual que utiliza y la sutileza de la textura de sus imágenes a mí me ha recordado en algunos momentos al cine de Ingmar Bergman. Especialmente, la secuencia en la ópera en el que el director muestra el espectáculo de música y danza que se representa en el escenario en paralelo a la perturbadoras sensaciones que experimentan las dos protagonistas que lo contemplan desde el patio de butacas. Coproducida por Noruega, Suecia, Dinamarca y Francia Thelma derrocha refinamiento y lleva el sello de recientes películas y series nórdicas en el que el paisaje y la naturaleza forman parte del argumento y en el que sus personajes derrochan profundidad. En los últimos años el sensitivo cine Nórdico me fascina más que cualquier otro cine y me conecta con el cine de autor escandinavo que junto con el francés despertó mi amor por el cine. Thelma no reinventa el cine dogmático pero sitúa en una nueva dimensión temas tratados en otras ocasiones que puede llegar a provocar una gran fascinación.
 

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Lady Bird: abandonar el nido y volar para volver
Una ressenya de Marta Gisbert, periodista - Lady Bird(Greta Gerwig, 2017)
Es tiempo de primavera, de flores y de alergias. Es momento de que la naturaleza haga de las suyas y de entender que los cambios se suceden en una de las épocas más bonitas del año. El caso de Lady Bird es el de una chica que decide, como las flores a partir del 21 de marzo, florecer, crecer. La opera prima de Greta Gerwig, su escritora y directora, nació de un guion que llevaba por título Mothers and daughters –“Madres e hijas”-, precisamente encarnando una alegoría del proceso evolutivo de cualquier ser vivo: llegar al mundo, crecer, reproducirse y morir. Una teoría, la que se aplica también a los animales y plantas, que se dejó un adjunto por añadir en el caso de los humanos: sobrevivir cuando se sale del útero materno. ¿Qué es, por tanto, Lady Bird? Lady Bird es una preciosa historieta, donde sentarse y sentirse cómodamente, en torno a las relaciones entre madres e hijas, y su dificultosa supervivencia con la llegada de la madurez. Ella, la protagonista, la joven Christine, como en realidad se llama, forma parte de una familia conservadora demócrata que vive en Sacramento, California. La trama se alimenta de sus neuras –propias de una adolescente-, sus inquietudes de futuro, sus primeros amores y relaciones sexuales y sus peleas con la existencia. Ella, la “señorita pájaro”, tendrá que amoldar sus valores cristianos con sus ansias de volar, las que la quieren llevar hasta la costa este, a estudiar en Nueva York. El espectador acepta de buen grado las rabietas de esta joven soñadora porque, todo sea dicho, se hace querer. Igual que la película, que no tiene nada que envidiar en cuanto a fotografía, frases elaboradas y un cierto aroma dulce a Wes Anderson, con quien ha trabajado la actriz que encarna a Lady Bird, la irlandesa Saoirse Ronan. Lady Bird es un repaso universal por la adolescencia con moraleja: se puede abandonar el nido sin renegar ni alejarse de él.

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La muerte de Stalin
Una reseña de Javier Llopis
Para los fans de Steve Buscemi, para los fans del humor negro negrísimo y en fin, para todos aquellos que disfruten riéndose hasta de lo más sagrado (la película logra hacer humor hasta en las checas soviéticas). “La muerte de Stalin” es un retrato caricaturesco sin el más mínimo asomo de piedad; un viaje desternillante a las más profundas miserias de la política, en el que la muerte de un dictador se convierte en una perfecta excusa para enseñarnos la lucha por el poder como un delirante teatrillo por el que desfila una legión de pelotilleros, de psicópatas, de estúpidos y de tíos más listos que el hambre. Las aventuras y las desventuras de los componentes de la cúpula de la URSS tras la muerte del gran líder desatan un vodevil rigurosamente histórico en el que apenas hay un minuto de descanso. Para la historia del cine quedará para siempre la frase dedicada al incomparable Buscemi/Khruschev: “Eres el único tipo que conozco que es capaz de conspirar hasta cuando corre”. Viendo esta producción franco/británica, dirigida por Armando Ianucci, llega una pregunta inevitable: ¿Por qué a ningún director español de cine se la ha ocurrido rodar una comedia parecida sobre la agonía y la muerte de Franco?.  Material cómico no faltaba, con personajes como Arias Navarro, el Marques de Villaverde y toda una fauna de dinosaurios franquistas intentando prolongar hasta lo imposible la vida del Generalísimo para buscarse un hueco en el futuro político del país. La respuesta a este interrogante va por dónde ustedes se lo imaginan: España es un país en el que no se admiten las bromas en determinados temas y la mejor prueba de ello es esa triste cofradía  de raperos y de twiteros que están a punto de entrar en la cárcel por hacer unas risas con lo intocable. En Rusia tampoco se digieren bien estas gracietas y el mismísimo Putin ha prohibido la película. Pero esa es otra historia.
 

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La forma de l’aigua
Una ressenya de Pep Jordà - La forma del agua (Guillermo del Toro, 2018)
‘La forma de l’aigua’ és un conte preciós (conte en la mesura que ho era ‘Amelie’ a la que estèticament recorda en ocasions) recomanada per a nens d’entre 9 i 99 anys amb bons i dolents, dames i herois, estèticament bellíssim i amb un missatge amable i alliçonador. Com qui diu el revers lluminós d’aquell altra preciosa peli del director: ‘El laberint del fauno’. Només que el que allà era fosc ací és colorit,  el que era desesperançador ara es animós i el que generava por i odi ara genera estima i ganes de viure. Perquè ‘La forma de l’aigua’ per damunt de tot és una bonica faula sobre el retrobament, la compassió i l’amor. En línia amb la sirenita o la bella i la bèstia malgrat que aquesta bella (Sally Hawkins) no guanyaria cap concurs de bellesa ni la bèstia (Doug Jones) té res d’animal (llevat de l’episodi que tracta el gat amb la mateixa sensibilitat que ho feia Alf, l’extraterrestre del planeta Melmac). I el fet que el conte en lloc de en paraules està escrit amb unes imatges potents i enganxoses. Però per damunt de tot ‘La forma de l’aigua’ és un homenatge al cinema. La protagonista viu damunt d’una cinema permanentment buit on es projecta de manera habitual una pel·lícula de romans. A la peli i ha un número musical que no té massa a veure (o sí) amb l’argument però que resulta emocionant i estremidor. La pròpia peli és una barreja d’un munt de gèneres: thriller, espies, amor, fantàstic, musical, monstres, ciència ficció. I el protagonista principal (un esser que es com una espècie poc evolucionada de Namor, submariner, però amb llumenetes de Nadal) li fa alguna cosa més que un gest de complicitat al clàssic de 1954 ‘Creature from the Black Lagoon’ (La mujer y el monstruo). Tots dos tenen una aparença similar, tots dos venen de l’Amazones i els bons de totes dues pel·lícules han de justificar en un moment donat la supervivència d’ells adduint el coneixement adquirit en mires a futures expedicions espacials. Per anar resumint  ‘La forma de l’aigua’ és una meravella visual poètica, seductora, imaginativa i molt recomanable que no només t’atrapa sinó que et transmet un munt de sensacions i missatges que es fa difícil resumir en unes poques paraules.  Així que aneu a veure-la. Al cinema.

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La publicidad mata
Una ressenya de Marta Gisbert, periodista - Tres anuncios en las afueras(Martin McDonagh, 2017)
 

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El president dels tontos
Una ressenya de Pep Jordà - Los archivos del Pentágono (Steven Spielberg, 2017)
 

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‘La peste’ és la ignorància
Una ressenya de Jordi Santonja - La Peste - Mini sèrie TV (Alberto Rodríguez, 2017)
 

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La vida es una tómbola o casi
Una ressenya de Pep Jordà - Wonder Wheel(Woody Allen, 2017)

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‘Suburbicon’, un concepto salvaje
Una ressenya de Marta Gisbert, periodista - Suburbicon(George Clooney, 2017)
 

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Morim dos vegades
Una ressenya de Jordi Santonja - Coco (Lee Unkrich, Adrián Molina, 2017)
 

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Cuando leer no es un placer
Una ressenya de Marta Gisbert - La librería (Isabel Coixet, 2017)
 

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El collage és un art
Una ressenya de Jordi Santonja - Stranger Things 2 (The Duffer Brothers, 2017)