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Diccionari de butxaca
Refetot
Palabra que usan los alcoyanos para evitar llamar gordos a los gordos
Hoss Cartwright era un hombre refetot, que no pudo evitar que se le conociera popularmente como el Gordo de Bonanza
Cuando los alcoyanos nos encontramos con una persona obesa y no queremos utilizar el calificativo ofensivo de gordo, utilizamos una palabra que supone una de las obras cumbre de nuestra capacidad para crear eufemismos: refetot o refetota, según el sexo del sujeto en cuestión.
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Flitar
¿Qué quiere decir un alcoyano cuando dice ‘fes el favor de flitar el menjador amb el flitaor?
Se conoce como flitar a la acción de lanzar flit, fli o flis con un flitaor; siendo el flit un aceite venenoso inventado por el químico Franklin C. Nelson que desde 1923 se utilizó para matar de manera doméstica moscas y mosquitos, pero también todo lo que se movía, incluyendo los alveolos pulmonares de los […]
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Donar pena
Lejos de estar relacionadas con la tristeza, estas dos palabras son en Alcoy un extraño sinónimo de molestia
Escuchándonos hablar, cualquier observador foráneo llegará a la errónea conclusión de que los alcoyanos somos una gente con una irrefrenable tendencia a la tristeza y con una enfermiza capacidad para ver el lado más negro de la vida. Esta confusión procede del abuso de la construcción gramatical “donar pena”;
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Arreglaets
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Peixot
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El metabolisme
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Burro
Cabreo de grandes proporciones, caracterizado por su prolongación en el tiempo
Cuentan los historiadores, que los burros de Adolfo Hitler eran legendarios

Coger un burro en Alcoy no tiene nada que ver con subirse a lomos de uno estos entrañables animales domésticos de la familia de los équidos, que en tiempos muy lejanos jugaron papel fundamental en nuestra exigua agricultura. Coger un burro en esta ciudad es sinónimo de pillar un cabreo de considerables proporciones, que presenta como principal seña diferencial su prolongación en el tiempo.

Resultan legendarios los burros infantiles. Enfados desproporcionados e inexplicados, que convierten al niño en el protagonista de berrinches de gritos y lloros capaces de atronar a todo un barrio. La lucha contra estas sonoras demostraciones de malestar obliga a los padres del infante a recurrir a todas sus habilidades diplomáticas y a todo su catálogo de carantoñas y de amenazas. Conviene recordar que estamos en una época de corrección política en la que el clásico y efectivo batecul alcoyano puede acabar con una denuncia en la Comisaría de Policía y con una declaración plenaria de repulsa.

Hay que subrayar que el burro no es una práctica exclusivamente infantil. Esta dolencia afecta a personas de todas las edades y condiciones. Adolfo Hitler pilló un burro de mil demonios después de que las tropas soviéticas le dieran la del pulpo en Stalingrado. La novela clásica “El Conde de Montecristo” es al fin y al cabo la historia del burro que coge el pobre Edmundo Dantes después de que un amigo le traicione, lo meta en la cárcel y se quede con su dinero y con su mujer. Hasta el hierático Lionel Messi ha sucumbido a este mal, después de que el Barcelona se viera humillado por el Bayern, decidiendo finalmente abandonar el club de sus amores.

Cuando el burro se prolonga mucho en el tiempo acaba convirtiéndose en una actitud ante la vida. “Estar emburrat” es una acepción, que utilizamos los alcoyanos para referirnos a alguien que está disgustado y que quiere hacer patente su disgusto a los que le rodean. El prototipo de hombre emburrat es, sin ningún género de dudas, José María Aznar. El ex presidente de Gobierno lleva 16 años seguidos haciendo patente su expresión de enfado con el resto de la Humanidad. Es un gesto adusto y antipático, que se parece mucho al que poníamos nosotros de niños cuando los capitanes de los dos equipos se echaban a pies y no nos cogían para el partidillo de fútbol.

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