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Refetot
Palabra que usan los alcoyanos para evitar llamar gordos a los gordos
Hoss Cartwright era un hombre refetot, que no pudo evitar que se le conociera popularmente como el Gordo de Bonanza
Cuando los alcoyanos nos encontramos con una persona obesa y no queremos utilizar el calificativo ofensivo de gordo, utilizamos una palabra que supone una de las obras cumbre de nuestra capacidad para crear eufemismos: refetot o refetota, según el sexo del sujeto en cuestión.
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Flitar
¿Qué quiere decir un alcoyano cuando dice ‘fes el favor de flitar el menjador amb el flitaor?
Se conoce como flitar a la acción de lanzar flit, fli o flis con un flitaor; siendo el flit un aceite venenoso inventado por el químico Franklin C. Nelson que desde 1923 se utilizó para matar de manera doméstica moscas y mosquitos, pero también todo lo que se movía, incluyendo los alveolos pulmonares de los […]
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Donar pena
Lejos de estar relacionadas con la tristeza, estas dos palabras son en Alcoy un extraño sinónimo de molestia
Escuchándonos hablar, cualquier observador foráneo llegará a la errónea conclusión de que los alcoyanos somos una gente con una irrefrenable tendencia a la tristeza y con una enfermiza capacidad para ver el lado más negro de la vida. Esta confusión procede del abuso de la construcción gramatical “donar pena”;
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El metabolisme
Es un ente inaprensible que nos sirve a los alcoyanos como excusa perfecta para justificar dolencias inventadas
Un grupo de forenses buscándole el metabolisme a un cadáver alcoyano

Estamos ante el gran comodín de la sanidad popular alcoyana. Como sus primos hermanos el ataquet y l’acataxonà, el metabolisme es un ente inaprensible que nos sirve a los alcoyanos como la excusa perfecta para justificar dolencias inventadas, vicios inconfesables o manías inexplicables.

Cojamos un par de ejemplos. Un tipo que con 25 años estaba hecho un figurín, alcanza la cuarentena y se convierte en un personaje gordo, con barriga prominente, rostro abotargado y unos andares lentos y torpes. Si alguien le pregunta sobre las causas de su drástica transformación física, el implicado responde con un contundente “es que me ha cambiado el metabolisme” y todo el mundo se da por satisfecho. Por supuesto, nadie hace la más mínima alusión al hecho de que este personaje lleva cerca de dos décadas sometido a una dieta de bocadillos de tortilla con longaniza, platos de morro frito y paellas gigantescas; todo ello regado con cantidades industriales de cerveza, vino y todo tipo de bebidas espirituosas. Otro caso. Una joven dulce y adorable se casa con su novio de toda la vida y con el paso del tiempo acaba transfigurada en una peligrosa arpía, en perpetuo malhumor y con una enfermiza tendencia a convertir todas sus conversaciones en agrias críticas contra toda la gente que la rodea. Nuevamente, se echará mano al cambio del metabolisme para explicar esta extraña evolución. Ni que decir tiene que a nadie, absolutamente a nadie, se le ocurrirá pensar que la metamorfosis de esta buena mujer se puede deber al hecho incontestable de que su marido es un tipo inaguantable y de que sus suegros son un par de víboras del Puntet que la tienen amargada durante décadas por que considerar que es muy poca cosa “per al meu xicon”. Aquí, en Alcoy, no existe causa/efecto; el metabolisme es un eufemismo que nos permite tapar todo tipo de dramas humanos.

Científicos de las más destacadas universidades internacionales llevan siglos intentando averiguar en qué consiste exactamente el metabolisme. Es un trabajo ímprobo, que ha acabado siempre en un rotundo fracaso. Los alcoyanos hipocondríacos afectados por este problema se ven obligados a recorrer un auténtico calvario de especialistas médicos, curanderos, herboristas y profesores de yoga sin que nadie sea capaz de solucionar su drama. La situación ha llegado a tal punto, que incluso se ha creado una asociación de afectados que ha presentado ante las Cortes Valencianas una petición oficial para que se cree la especialidad de Metabolisme dentro de las facultades de Medicina, solicitud que ha sido rechazada con grandes risas por todos los grupos del arco parlamentario.

Los defensores de la existencia del metabolisme subrayan la importancia de este concepto sanitario y ponen como ejemplo al mismísimo Adolfo Hitler, un hombre que además de ser un psicópata violento y un hijo de la gran puta, presentaba importantes problemas metabólicos, que le provocaban dolorosas flatulencias y súbitos ataques de ira destructiva. Según esta versión de los hechos, la Segunda Guerra Mundial se podría haber evitado si alguien se hubiera tomado en serio la existencia del metabolisme.

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