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Diccionari de butxaca
Ratereta
¿Es la ratereta el equivalente alcoyano al mouse, ratón o ratolí yanqui?
El sustantivo ratereta es la palabra que utilizan los alcoyanos/as de una cierta edad para denominar a la estufa eléctrica o brasero de calefactores resistivos  y desprotegidos que se sitúa bajo una mesa camilla, cercana a las faldas u otros tejidos altamente inflamables y que se conecta a la red general de 250 voltios mediante […]
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El calzoncillo de camalet
En Alcoy nunca ha cuajado el concepto boxers, que nos suena a vieja canción de Simon y Garfunkel
Alcoy ha realizado una aportación fundamental al mundo de la moda íntima masculina: el calzoncillo de camalet. En esta ciudad no ha cuajado nunca el concepto boxers para referirse a esta prenda fundamental en el fondo de armario de cualquier hombre elegante. Este anglicismo nos suena a vieja canción de Simon y Garfunkel o a […]
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Eh… home¡
La expresión la usan señoras y señores mayores para dirigirse a cualquier persona adulta de sexo masculino
Estamos ante una de las mejores interjecciones alcoyanas. La expresión “Eh… home¡” es muy utilizada por señoras y señores mayores para dirigirse a cualquier persona adulta de sexo masculino (si es menor de 30 años se sustituye por el término xicon) y hacerle una petición o alguna pregunta. Los habitantes de esta ciudad somos poco […]
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Crepó
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Hasta aquí llegó la nieve
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Pote
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Fandango
Además de ser un baile popular, la palabra sirve a los alcoyanos para describir situaciones confusas o líos incomprensibles
A los alcoyanos no les gusta meterse en fandangos

Además de ser un baile popular en la partida de Barxell, en el resto de España y en buena parte de Latinoamérica, el fandango es una palabra multiusos, que les sirve a los alcoyanos para describir situaciones confusas, líos incomprensibles o problemas irresolubles. La expresión “quin fandango¡” se utiliza para marcar una línea divisoria a partir de la cual las cosas se complican y no se sabe muy bien cómo acabarán.

Desde la perspectiva alcoyana, los grandes casos de corrupción –Gurtel, EREs, Púnica- son enormes fandangos en los que los dineros públicos corrían de mano en mano hasta acabar en los bolsillos de algunos tipos listos. Cuando un marido llega a las tres de la madrugada a casa pasado de copas, lo más normal es que su mujer (si es alcoyana) le monte un buen fandango. Si alguien decide asumir el cargo de primer tro en una filà con problemas contables y arruinada tras una capitanía rumbosa, lo normal es que sus amigos le digan que ha hecho mal, que se ha metido en un fandango de grandes proporciones, que puede acabar con sus huesos en la cárcel. Cuando los vecinos de arriba están armando ruido a las dos de la madrugada con una fiesta con la música a todo volumen, lo habitual en esta ciudad es llamar a la Policía Local denunciando que están montando “un fandango que no nos deja dormir y yo mañana me pongo a las seis a trabajar”. Si en la oficina, Mari Puri y Jordiet (ambos casados con sus respectivos cónyuges) se intercambian sonrisillas cómplices y furtivas miradas de arrobo, lo lógico es que sus compañeros de trabajo acaben sumando dos y dos y diciendo aquella frase tan alcoyana de “aquí, hay fandango”. Cualquier jurista de prestigio que analice detalladamente el sistema electoral de la Asociación de San Jorge acabará llegando a la conclusión de que aquello es un fandango considerable.

Estamos pues, ante una metáfora bailona cuyos usos son infinitos. Aquí, las personas de orden presumen públicamente de “no meterse en fandangos”, convirtiendo esta habilidad en una virtud cívica, que hace de ellos ciudadanos más respetables.

 

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