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Diccionari de butxaca
Catxotxes
Es un tipo de buen conformar, que desconoce el significado de la palabra urgente
Un catxotxes de libro, Mariano Rajoy, llegó a presidente del Gobierno de España
A mitad de camino entre el sompo y el somordo, el catxotxes alcoyano es un individuo caracterizado por su lentitud de movimientos y por sus enormes cojonazos. El catxotxes es un tipo de buen conformar al que le resbala el resto de la Humanidad, que actúa absolutamente a su bola y que desconoce el significado […]
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Me la bufa
“Me la bufa” es una expresión habitual del ámbito lingüístico valenciano a la que el lenguaje alcoyano le ha aportado su granito de creatividad
Me la bufa(en inglés “he huffs me”) es una expresión común del ámbito lingüístico valenciano-catalán-balear equivalente al ‘me la sopla’ castellano, más aireada que el castizo ‘me la suda’, con mayor estabilidad que el ‘me la trae floja’, menos marinera que el ‘me la trae al pairo’ y mucho más esclarecedora que ‘me la refanfinfla’; […]
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¡Adreça, adreça!
Palabra clave de los alcoyanos a la hora de ayudar a aparcar un coche
Los alcoyanos de sexo masculino encuentran un fascinante placer en el acto de ayudar a aparcar (o a desaparcar) su vehículo a un conductor inexperto o a una conductora novel. Este ritual lo tiene todo, ya que supone una demostración de sabiduría automovilística y de solidaridad ciudadana. El ayudador se dirige al ayudado con todo […]
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Burro
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Au
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Pastissot
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Montepío
El montepío es una costumbre alcoyana similar a la compra de acciones preferentes y con idéntico riesgo

Montepío es una palabra que designa una de las costumbres más genuinas de la ciudad. Su funcionamiento se inspira en los antiguos depósitos de dinero que se realizaban para socorrer a viudas y huérfanos. Consiste en lo siguiente: un individuo/a entrega semanalmente una cantidad ingente de dinero (entre 10 a 100 €) a una persona del sector terciario de ‘solvencia contrastada’ que igual puede ser el camarero del bar del mercado que el peluquero de la esquina.

A cambio del ingreso en efectivo -que el receptor anota en una libreta del grosor del Deuteronomio- el donante recibe una anotación en un cartón. Cabe destacar que el proceso de registro e intercambio de efectivo se realiza digitalmente (con los dedos); que la custodia del montante se lleva a cabo en un bolsillo del delantal y que toda la operación tiene lugar mientras el depositario sirve un bocadillo de calamares, con lo se generan más posibilidades de error que en una actualización de Windows Vista.

No obstante ello, el impositor obtiene su recompensa cuando, tras un año de realizar aportaciones a fondo perdido,  ‘trau el montepio’. Operación que se basa en la recuperación del montante total ahorrado, junto con una pequeña maceta con un cactus en concepto de intereses devengados.

Nota.- Aunque de entrada pueda parecer una gurruminería como un toro, vistos los intereses que la banca ofrece actualmente a sus clientes es como para darse con un canto en los dientes.

Eso si al depositario no le ha dado por poner en práctica otra de las modalidades, bastante habitual, de esta ancestral costumbre alcoyana: fugir amb el montepio’. Práctica que consiste con motivo justificado (comunión de la hija, pagos inaplazables, gastos imprevistos por ludopatía, etc.) o sin él poner en práctica lo que proponía el título de aquella vieja película de 1969 de Woody Allen: ‘Toma el dinero y corre’.

Otra nota.-  La costumbre de ‘fugir amb el montepio’ durante un tiempo gozó de cierta predicación en la ciudad a la vez que una cierta admiración hacia el fugitivo que huía con el dinero por su actitud osada y aventurera ante la vida. En la actualidad ha perdido cualquier connotación épica al haber sido imitada y vulgarizada por la mayor parte de entidades bancarias mediante la emisión y venta de preferentes.

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