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Maldecap
Palabra creada con la fusión de otras tres para definir a aquellas personas con una habilidad innata para generar malestar en su entorno
He aquí una curiosa creación lingüística, cuyo origen surge de la fusión de tres palabras distintas en una sola. En Alcoy tener mal de cap es (como en todos los lugares de habla valenciana) sufrir un problema sanitario más o menos doloroso, que afecta al área craneal y que viene provocado por algún tipo de […]
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Donar més quefer que una onça de cucs
Aunque de entrada parece la comparación más adecuada para definir la hiperactividad infantil, hay que analizarla con atención
Uno de los apartados más creativos del lenguaje alcoyano es aquel que recoge las lamentaciones que las abuelas dedican a sus nietos o, mejor dicho, a la febril actividad que desarrollan sus nietos mientras están a su cargo. Es decir, todo el día.
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Enviscà
El concepto sirve para describir un desastre especialmente pringoso y maloliente
Jugadores de fútbol americano disfrutando de una enviscà deportiva
He aquí otra de esas magníficas metáforas alcoyanas, cuyo uso sirve para enriquecer el lenguaje con todo tipo de matices. Enviscà (pronúnciese con a de Anriqueta) es una palabra que sirve para describir un desastre que afecta a una o a varias personas; es una empastrà especialmente pringosa y maloliente.
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Sofar
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Arropar
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Guapet
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Palpó
Palabra que se usa para personas de lentitud exasperante y para individuos del género masculino con tendencia a “los tocamientos torpes”
Groucho Marx en una de sus habituales exhibiciones palponas

Se mire por donde se mire, el palpó tiene muy mala prensa en Alcoy. Esta palabra rotunda se usa tanto para referirse a las personas que hacen las cosas con una lentitud pastosa y exasperante, como a los individuos del género masculino aquejados por una irrefrenable tendencia a “los tocamientos torpes” (en frase clásica de los curas del siglo pasado) cada vez que tienen cerca una mujer.

Por lo que respecta a la acepción relacionada con la lentitud, hay que señalar que el palpó y la palpona son personajes desesperantes, que convierten cualquier acto cotidiano en un procedimiento interminable. Son tipos que se pierden en los detalles superfluos y que pueden tardar días en hacer una cosa que a una persona normal (no palpona) apenas le exigirían media hora. El palpó se ha especializado en agotar la paciencia de la gente que le rodea y genera a su alrededor un ambiente de ira. Ya sea en el trabajo o en la intimidad de sus hogares, palpons y palpones rompen el ritmo natural de las cosas y sus exhibiciones de pachorra dejan una inacabable lista de daños colaterales. Frases clásicas del vocabulario alcoyano, como “més val fer-ho que manar-ho”, se han inventado para evitar la letal intervención del palpó en asuntos especialmente delicados. El universo funciona a 45 revoluciones por minuto y el palpó sigue a 33.

Cuando utilizamos el concepto palpó relacionándolo con el verbo palpar (tocar) entramos en un terreno mucho más resbaladizo. En Alcoy usamos esta palabra para referirnos a un sujeto varón con tendencia a tener la mano larga cada vez que cerca de él hay una mujer. En el lenguaje castizo este individuo recibe el calificativo de pulpo, en una afortunada metáfora zoológica con la que se quiere resumir la hiperactividad de sus extremidades superiores. Alcoy tuvo un espécimen autóctono de este tipo de palpó: el festero colocador de agulletes en las pecheras femeninas, que por fortuna ya ha pasado a la Historia. Si el palpó lento provoca la desesperación de sus congéneres, el palpó tocón es causa de indignación y de merecidas denuncias en la Comisaría de Policía.

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