El niño sufre fuertes dolores en el abdomen, que hacen temer un ataque de apendicitis aguda. Los padres lo suben en el coche y se dirigen al Hospital Virgen de los Lirios. A la altura de la Avenida Gil-Albert sufren un pinchazo, que les obliga a perder un tiempo precioso para cambiar la rueda, mientras el chaval se queja a grito pelado, vomita cada cinco minutos y va adquiriendo un preocupante color verde bilioso. Cuando consiguen llegar a Urgencias y el paciente está siendo atendido, suena el teléfono móvil y es la vecina de abajo que les informa indignada de que su casa se está inundando porque se han dejado abierto el grifo la bañera. Es en momentos como estos cuando cualquier alcoyano de bien puede recurrir (con más razón que un santo) a la frase “tot mos pon”.
Esta construcción gramatical viene a ser la versión local del castellanísimo “éramos pocos y parió la abuela”. Con estas tres palabras se define una concatenación casi simultánea de desgracias y contratiempos. El “tot mos pon” ha generado fuertes debates entre los lingüistas, que no han logrado ponerse de acuerdo sobre el origen de una construcción que habitualmente sirve para describir una mala racha o una sucesión inexplicable de sucesos negativos. Estamos ante un grito de cabreo e impotencia cuya procedencia es difícil de establecer: hay quien dice que es una evolución del “todo se nos pone en contra”, mientras que otros investigadores hablan del verbo pondre y de una sutil y misteriosa relación con gallinas ponedoras y huevos inoportunos. El caso es que cuando un vecino de Alcoy pronuncia esta emblemática sentencia verbal conviene tener muy claro que las reservas de su depósito de su paciencia están a punto de agotarse.
La historia universal está llena de momentos “tot mos pon”. Sin ir más lejos, cuando los ingleses le zurraron la badana a la Armada Invencible, Felipe II pronunció aquellas históricas palabras: “yo no mandé a mis naves a luchar contra los elementos”. Una frase cargada de grandilocuencia; pero que en el fondo es un “tot mos pon” como una casa.
Ma mare deia: tot mos pon, hasta el pollastre .