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Cultura
Les Pedreres de Sant Cristòfol i el barranc del Cint. Història i paisatge d’una muntanya de la serra de Mariola habitada pels voltors
Una edició que ha estat possible gràcies al ferm compromís de Fundación Mutua Levante, amb la col·laboració de l’Ajuntament d’Alcoi i l’associació Fapas-Alcoi
En 2020 es compleixen vint anys del primer alliberament de 8 voltors al nou canyet a les Pedreres de Sant Cristòfol. Vint anys passats des de l’inici d’un projecte mediambiental dut a terme des de la societat, gràcies al qual els habitants de la Foia d’Alcoi tenim el privilegi d’observar el vol dels voltors que, […]
Cultura
Açò no és una grip
15 pelis i una novel·la  que parlen de pandèmies com el COVID-19 
Fotomontaje: Xavi Cortés
El COVID-19 ens ha agafat amb els pantalons baixats. I no serà perquè els patògens no han estat enviant-nos ‘senyals’ cada cert temps. Aproximadament una cada deu anys. Mireu. 1973 primer brot d’Ebola (2.830 morts). 1981 SIDA (30 milions de morts i segueix sumant) 1991 Còlera en Sud-Amèrica (8.000 morts). 2009 Grip A (entre 150.000 […]
Cultura
Cómo hacer una mascarilla. Modelos exclusivos
Llorens Ferri (1972), Filant, óleo sobre papel, 50 x 52cm
Os presentamos tres modelos exclusivos de mascarillas: Mascarilla Enigma. Mascarilla Latte. Mascarilla Metamorfosis. Mascarilla Enigma EL MATERIAL 1.Tela de algodón; cuanto más compactos los hilos, mejor. Es ideal para el contacto con la piel (resistente, transpirable, suave, duradero…) y las hay para todos los gustos (lisas, caladitas, con dibujos…; gruesas, finas…). 2.Relleno de sujetador. Las […]
Cultura
Gabo
Un adiós literario al nobel de literatura y padre del realismo mágico.
Carlos Merchán, 21/04/2014

En el libro de literatura española de COU, un tocho importante pero de buenas formas, estaban ellos. Muy al final, en una especie de apéndice que cerraba la asignatura. El Boom hispanoamericano. A juzgar por el poco espacio que le concedían los autores del manual, el Boom no debió resultarles demasiado explosivo. A nosotros sí. Eran muchos los que le daban otra vuelta de tuerca al castellano, los que le daban la vuelta al calcetín de una realidad donde las señoras podían salir volando por los aires, un gitano con un imán podía hacerse con todos los metales del pueblo o dos guantes podían enamorarse agarrando la barra de un autobús. Eran muchos, pero eran Vargas Llosa, Cortázar y García Márquez los que compendiaban el nuevo mundo escrito con palabras que estaba naciendo y éramos la primera generación que lo disfrutaba. Después de la gran literatura española, la del noventa y ocho, la del veinte siete, la de los treinta, los cincuenta, los nueve novísimos, estaban ellos. En América estaban reinventando y reventando la literatura española y nosotros nos dimos cuenta enseguida. El calor caribeño estaba en las aulas y hablábamos de cronopios, de ciudades y perros y de famas, de muertes anunciadas al tiempo que, con mejor o peor fortuna, intentábamos levantarle la falda plisada a las bellísimas lunas del instituto femenino cercano. Noches de verborrea y adjetivos y neologismos y cigarros furtivos envenenados de literatura. Corrían los años finales del setenta. En el ochenta y dos le dieron el nobel a García Márquez y todos nos vestimos, con un estremecimiento de tormenta tropical, el liqui-liqui blanco como el paredón donde, en trance de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía hubo de recordar la tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Nosotros ya conocíamos lo que era perderse por la niebla de Macondo como otras generaciones se perdieron por el Yoknapatawpha County de Faulkner.

Unos días antes de su muerte soñé que moría García Márquez y que se desplomaba el ala oeste del instituto nocturno donde intentaron desasnarme. Desperté convencido de su muerte y empecé a escribir mentalmente y aún en la cama esto que ahora escribo, más despierto y más triste. Encendí la radio. Al escritor le habían dado el alta y me maldije por agorero. El sueño, más que una premonición, era la crónica de una inminencia anunciada.

Decía el maestro entre otras muchas cosas que ideó la gigantesca catedral de su cabeza, que uno envejece cuando empieza a parecerse a su padre. Yo también creo que uno envejece cuando empieza a perder a los mitos que le medio formaron y hoy, un servidor y sus coleguitas de instituto, trapisondas y sueños de tinta y papel, somos severa, tristemente más viejos. ¡Qué solos nos dejan los muertos!

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