Alcoy es una ciudad rara, que de vez en cuando genera noticias invisibles. Son acontecimientos de gran importancia, que por alguna extraña razón desaparecen de las páginas de los periódicos y de los debates políticos. Un día derribaron el Teatro Circo sin que nadie abriera la boca; al otro, nos montaron un hospital y un centro especialidades privados sin que hubiera ni el más mínimo rasgamiento de vestiduras por parte de los defensores de la sanidad pública y hace un año y medio, la Conselleria de Cultura del infausto Carlos Mazón decidió cerrar la subsede alcoyana del IVAM, dejando seriamente tocado el proyecto que tenía el actual gobierno municipal para convertirnos en un foco artístico de alto nivel, apelando al turismo cultural como alternativa de desarrollo económico.
Es ésta una historia triste que huele a derrota y a vergüenza. El IVAM cerró su subsede de Alcoy (la primera en toda la Comunitat Valenciana) en junio de 2024, argumentando una razón de peso: el mal estado de los equipos de climatización (responsabilidad municipal) ponía en riesgo la conservación de las obras expuestas. Frente a esta bochornosa acusación, el Ayuntamiento agachó la cabeza y anunció que subsanaría el problema enseguida. A partir de ahí, ya no se supo más. El convenio con el instituto valenciano ha expirado y la corporación organiza exposiciones municipales en un espacio creado expresamente para albergar muestras de alta calidad a las que sólo tendríamos acceso gracias a la intervención del IVAM, consolidado como una institución de gran prestigio internacional. La situación cumplía todos los preceptos de las noticias invisibles: al PP alcoyano no le interesaba explotar un problema generado por su propio gobierno autonómico y el PSOE no tenía ningún interés en presumir de que le habían birlado por pura dejadez una infraestructura de gran valor estratégico.
Además de dejar el complejo del antiguo edificio del Monte de Piedad sin su principal atractivo, el cierre del IVAM ha puesto en evidencia la absoluta falta de planificación en la política de infraestructuras culturales del Ayuntamiento. Alcoy presenta una sobreabundancia de contenedores culturales, que contrasta abiertamente con una crisis evidente de contenidos. La apertura de IVAM-CADA –hecha a bombo y platillo en 2018- convirtió la casa de cultura de País Valencià en un cascarón vacío sin proyecto de futuro en el que apenas se registra actividad y que empieza a parecerse sospechosamente al cerrado Teatro Principal. Mientras tanto, se trabaja en la puesta en marcha de otro importante equipamiento cultural: la pinacoteca municipal sobre autores alcoyanos, cuya gestión futura presenta grandes incógnitas a la vista de la situación antes descrita.
Se cumple al pie de la letra el viejo refrán de “quien mucho abarca poco aprieta”. Alcoy ha creado más infraestructuras culturales públicas de las que su ayuntamiento es capaz de digerir. Cuando se reabrió el IVAM-CADA, la corporación aceptó unos compromisos económicos y de personal que no podía cumplir. Para llegar al intríngulis del asunto, conviene recordar que sobre aquella inauguración se cimentó buena parte de la victoria electoral de Toni Francés en 2019. Pero luego, llegaron las rebajas y el duro golpe con la realidad. Las alegrías se volvieron dudas y en poco más de seis años, el IVAM-CADA ha dejado de ser un motivo de orgullo para convertirse en un problema…y de los gordos. (Hay que seguir pagando el carísimo mantenimiento del edificio a pesar de que han disminuido notablemente sus expectativas y su tirón).
Si el gobierno sigue adelante con su política cultural de “yo inauguró ahora y después, Dios dirá” nos enfrentamos a un futuro lleno de amenazas. Hay pocas cosas más deprimentes que un emblemático edificio cultural funcionando a medio gas y con actividades hechas sin ningún nivel de exigencia, promovidas para salir del paso. En estos momentos de crisis innegable, el principal objetivo del Ayuntamiento debería ser buscar soluciones imaginativas y efectivas para dotar de vida unos espacios que empiezan a acercarse peligrosamente a las fronteras del abandono.
POSDATA. La mejor prueba de que algo no funciona bien en los engranajes de la cultura oficial alcoyana es el espectacular despegue de la actividad de Fundación Mutua Levante. Esta ejemplar institución ha visto cómo se desviaban hacia sus magníficas instalaciones de Plaza de España buena parte de los actos que solían celebrarse en las dependencias municipales. Capacidad de reacción, independencia y gusto para la elección de temas son las claves de un éxito, que se traduce en una realidad innegable: en unos poco años esta Fundación ha montado unas sólidas programaciones marcadas por la calidad y el rigor artísticos y se ha convertido en un refugio imprescindible para la gente que produce cultura y que quiere mostrar su obra ante el público sin tener que cruzar el agotador páramo institucional.