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Cultura
Rosalía y el culto al vacío
Por qué LUX no brilla tanto como cree
Víctor Riaza Pastor - 16/11/2025
Rosalía y el culto al vacío

Rosalía lleva tiempo jugando a ser su propio género. Y en LUX —su nuevo ejercicio de divinidad pop— lo confirma: ya no compite con nadie, solo consigo misma. El problema es que, cuando una artista se cree su propio mito, suele dejar de escuchar. LUX es un disco tan obsesionado con su pureza estética que olvida lo básico: emocionar.

Hay discos que cambian el rumbo de una carrera y otros que la congelan. Este pertenece al segundo grupo. Rosalía, que en Motomami desbordaba energía, humor y riesgo, ha decidido convertirse en estatua. Todo en LUX suena impecable, pero sin alma. Es como entrar a una iglesia moderna: el mármol deslumbra, la acústica es perfecta, pero el silencio pesa más que la fe.

La producción roza la perfección clínica. Los coros se disuelven como vapor, las bases electrónicas flotan sin dirección y su voz —esa voz que podía desgarrar un fandango o convertir una frase vulgar en poesía— suena atrapada en una urna de cristal. Se diría que Rosalía ya no canta: ejecuta. La emoción ha sido sustituida por el diseño.

Y no es que el disco carezca de intención. LUX quiere ser trascendente, espiritual, casi místico. Pero cuando una artista millonaria se presenta como monja del siglo XXI mientras posa para Saint Laurent, algo chirría. Hay una contradicción de base: busca la luz mientras vive rodeada de focos. Se confiesa humilde desde una mansión. Nos habla de pureza a través de un algoritmo.

Rosalía ya no canta sobre el mundo: canta sobre su reflejo en él. El mal querer fue una tragedia flamenca con corazón; Motomami fue una bomba de libertad. LUX, en cambio, es un manual de autopromoción con envoltorio celestial. Incluso los títulos —“Miserere”, “Llama viva”, “Cuerpo santo”— parecen diseñados para ser tendencia en Twitter antes que para decir algo real.

Hay algo casi cruel en ver a una artista de talento inmenso convertida en marca. El fuego que la hizo especial se ha vuelto cálculo. Donde antes había riesgo, ahora hay reverencia a sí misma. Y lo peor: parece convencida de que eso es evolución.

Claro que LUX no es un mal disco. Suena bien, incluso demasiado bien. Pero lo que antes era instinto ahora es fórmula; lo que antes era verdad ahora es pose. Rosalía sigue siendo una visionaria, pero ha caído en la trampa de quienes confunden sofisticación con emoción.

Escuchar LUX es como ver a una antigua rebelde vestida de santo, intentando convencernos de que la iluminación es cool. No lo es. La Rosalía que rompía esquemas se ha quedado atrapada en su propio espejo dorado. Y si de luz va el título, convendría recordarle algo: el exceso de brillo también ciega.

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COMENTARIOS

  1. Gaizka Sinmendieta says:

    Un análisis brillante en el que todo es brillo: decir del brillo de Lux usando el brillo de las palabras precisas y expresando la brillantísima verdad de que a veces el brillo lo que hace es producir ceguera. Muy bueno.

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