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Cultura
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Perceval Graells exposa a la Sala Fundación Mutua Levante fins el 30 de juliol
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Ximo Cardenal o l’algoritme del compromís
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Epidemias, guerras, terremotos y otros desastres alcoyanos
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Cultura
Semblanza de un pintor atípico
La obra de Manolo Antolí inaugura la nueva sala de exposiciones de la Fundación Mutua Levante
Redacció, 23/12/2020
El pintor Manolo Antolí, ante una de las obras de la exposición FOTO: PEP JORDÁ

La obra de Manolo Antolí ha inaugurado la nueva sala de exposiciones de la Fundación Mutua Levante de la plaza de España. La apertura oficial de esta muestra, que estará abierta al público a lo largo de los próximos meses, se desarrolló en el transcurso de un acto celebrado el pasado martes. El periodista Javier Llopis fue el encargado de hacer la presentación, cuyo texto reproducimos íntegramente.

Buenas tardes. En primer lugar dar las gracias a la Fundación Mutua Levante. Poner en marcha un gran complejo cultural como éste es una decisión para la que hace falta tener las ideas muy claras y tener mucho valor. En los tiempos que corren, con la sociedad atenazada por una pandemia terrorífica, es de agradecer este compromiso con el maltratado mundo de la cultura; un gesto de apoyo que hay que interpretar como una ventana abierta a la esperanza, como una expresión de que hay vida y habrá vida (artística) más allá del coronavirus.

Hay que felicitar también a esta entidad por la elección del pintor que inaugura esta magnífica sala de exposiciones. Manolo Antolí es un artista alcoyano, que ha mantenido su vinculación con Alcoy a lo largo de toda su trayectoria. Se trata de un autor que ha logrado consolidar un notable prestigio gracias a su independencia, al rigor de su trabajo y a su capacidad para renovar su lenguaje pictórico a través del tiempo.

La única nota discordante en este acto ha sido la elección del presentador. Consciente de que en cuestiones de arte voy justito y de que me aterroriza hablar en público, Manolo ha decidido depositar este honor en mi humilde persona. Con amigos como éste, no me hacen falta enemigos.

Una vez metido en este aprieto, me he dado cuenta de que la presentación de esta exposición es un trabajo relativamente sencillo. Los cuadros de Manolo Antolí hablan por sí solos. No hace falta que venga ningún docte cagalló a castigarnos los oídos con esas típicas frases huecas con las que los críticos de arte se hacen los interesantes. No, no hablaremos aquí de pinceladas poderosas, de figurativismo intimista, ni de rebelión contra la belleza utópica. No. Aquí, hablaremos de una persona, de un hombre con un universo pictórico propio que presenta como principal seña distintiva la capacidad de su obra para conectar con alguna profunda fibra sensible del espectador.

Lo primero que hay subrayar en este caso es que Manolo Antolí es un ejemplar atípico y extraño de pintor. No lo digo por las características de su obra, sino por su actitud personal ante el hecho creativo.

Hasta que conocí a Manolo, mis únicas experiencias con pintores me habían llegado a través de mi profesión como periodista; un oficio delirante en el que un día estás entrevistando a la Bellea del Foc de San Vicente del Raspeig y al siguiente tienes que hacerle preguntas inteligentes a un señor con barba de profeta y gafas de culo de vaso que es una gloria viva del puntillismo expresionista albaceteño.

De todos aquellos encuentros con artistas saqué una conclusión general inquietante: los pintores son gente que dedica una gran cantidad de su tiempo a promocionar su obra y a buscarse contactos influyentes para hacer exposiciones. En ciertos casos, la hiperactividad de algunos de ellos en materia de relaciones públicas es tan grande, que acababas haciéndote una pregunta incómoda: ¿De dónde puñetas saca tiempo este tío para pintar y para elaborar una obra de cierta calidad, si todo el día esta de sarao en sarao?.

Manolo representa el extremo opuesto a esta tendencia general. Por carácter personal y por convencimiento moral, Antolí es un artista cuya carrera discurre al margen de los caminos trillados y absolutamente ajena a todo tipo de camarillas y de grupos. El tiempo que otros invierten en promoción y juegos florales, Manolo lo invierte en pintar, asumiendo el oficio de artista como una especie de dedicación monacal en la que no caben las frivolidades ni los compadreos.

Si a esto le añadimos un nivel de autoexigencia que se sitúa fuera de lo normal, el resultado es una obra en la que no hay ninguna concesión de cara a la galería y que está dotada de una solidez y de una honradez estética a prueba de modas. Estamos ante un autor que por voluntad propia se ha convertido en el crítico más duro de sus cuadros (en algunos momentos roza el concepto de tiquismiquis, todo hay que decirlo). Estamos ante un tipo alérgico a la autocomplacencia, que ha conseguido convertirse en uno de los pintores más importantes de la Comunitat Valenciana sin tener que perder ni un segundo de su jornada laboral pegando codazos en el peligroso mundo de los cenáculos culturales oficiales.

Hay otro aspecto que conviene destacar en la biografía del artista que hoy expone sus cuadros en esta sala. Antolí es un hombre que ha combinado su faceta de creador con una intensa dedicación a la educación artística. Durante décadas ha ejercido de profesor en la Escola d’Art y ha sabido contagiar su pasión por la pintura a centenares de estudiantes. Hay varias generaciones de pintores y de ilustradores que citan a Manolo como su primer referente. A lo largo de casi 40 años de carrera docente ha sembrado una semilla que ha dado frutos abundantes y de gran calidad, ejerciendo un magisterio aparentemente anónimo, pero que ha perpetuado su influencia y su mensaje a través del tiempo. Y eso… no es moco de pavo.

La exposición “Antolí” reúne una selección de pinturas realizadas por el autor entre 2009 y la actualidad. A través de ella se puede seguir la evolución de un artista a lo largo de los últimos 11 años: desde los cuadros de gran formato a trabajos más técnicos en los que juega con los colores y las texturas. El visitante podrá disfrutar de estilos y de temáticas muy diferentes, por los que desfilan los paisajes y la figura humana. En todos ellos hay un sello personal y absolutamente intransferible, que nos hace relacionarlos con la figura del pintor.Es muy fácil quedarse ensimismado ante cualquiera de estas obras; enfrascarse buscando el secreto de unas pinturas en las que Manolo Antolí nos da su propia versión de una realidad en la que se mezcla lo monumental con el detalle.

Esta presentación quiere ser sobre todo una invitación a visitar esta asombrosa colección de cuadros. Es un consejo casi terapéutico. Ahí fuera, en la calle, tenemos ahora mismo un mundo feo de mascarillas, de gestos de miedo y de relaciones humanas acogotadas por las distancias de seguridad. Aquí, dentro, hay un remanso para la belleza. Darse una vuelta por esta sala y echar un rato dejándose llevar por las pinturas de Manolo Antolí es darse una pequeña y agradable tregua en medio de un panorama amenazante y triste.

Antes de cerrar esta intervención y como la cabra siempre tira al monte, quiero agradecer la impagable colaboración de Manolo en los proyectos editoriales humorísticos que hemos puesto en marcha Pep Jordá, Xavi Cortés y yo desde Tipografía La Moderna. Es un detalle que honra a un artista de su calado. Algún día, un estudiante de arte estará elaborando una tesis doctoral sobre la figura de Manolo Antolí y se le romperán todos los esquemas cuando se encuentre con sus desternillantes visiones sobre la baiosa, el machucho o la favorita. Son algo así como las pinturas negras de Goya pasadas por el filtro sainetero de Armando Santacreu.

Muchas gracias a todos por aguantarme y Bon Nadal, si es que a esto tan raro que se nos viene encima se le puede llamar así.

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