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La memoria
Bicentenario del descubrimiento del fonendoscopio
Comentarios a la Exposición del descubrimiento hace 200 años del estetoscopio por René Théophile Hyacinthe LAËNNEC (1781-1826) (1)
Laënnec falleció a los 45 años por una tuberculosis que había contraído mientras realizaba una autopsia a un enfermo y al explorar una vértebra del mismo, se produjo un corte en el dedo índice de la mano izquierda infectándose, lo que le llevo a la muerte. (2)
La memoria
Aparició de l’Estetoscopi o fonendoscopi, ara fa 200 anys
Exposició en Fundació Mutua de Levante (21 febrer- 23 de març 2019)
Pintura de Théobald Chartran (1849-1907) que representa l’auscultació directa o inmediata de Laënnec a un malalt tisic (tuberculós) en l’hospital Necker de París. En la ma Esquerra sosté l’estetoscopi inventat per ell. A la part dreta del quadre es veu un grup d’estudiants de medicina que observa atentament l’escena. La Sorbona, 1891
Quan en 1816 el francés René Laënec va concebre un instrument que anava a revolucionar amb el pas del temps el diagnòstic de moltes malalties, principalment respiratories i cardíaques, no imaginava la importància i l’us que tindria arreu del mon.
La memoria
Clásico, el torero alcoià: retrat d’una època
Un interessant recorregut per la vida i gestes d'aquest famós torero alcoià, nascut a Ibi, a qui cada any ret homenatge el Tirisiti
Estem en els primers anys de la dictadura de Primo de Rivera, una època gris i desconeguda que malauradament no ha captat l’atenció del gran públic. El colp d’Estat del general Miguel Primo de Rivera no va ser una sorpresa: per una banda, este fet revelà que el sistema de la Restauració era incapaç d’evolucionar […]
La memoria
El resguardo de una ciudad
Rafa Segura, habla de su primera novela: 'La Guerra de los dos senderos'
Rafa Segura, 26/11/2017

En los conflictos bélicos siempre hay ganadores y perdedores. Vencedores y vencidos. Pero nunca nos solemos acordar, por desgracia, de sus refugiados y heridos. Ellos siempre son los que más pierden. Abandonan sus hogares obligados para salvar sus vidas dejando atrás sus pertenencias y su pasado.
Perdidos sin rumbo alguno, vagan de ciudad en ciudad confiando en que alguien les ampare.

Me voy a trasladar en el tiempo hasta el año 1937 en plena Guerra Civil. En aquella época Alcoy era una ciudad de la retaguardia y tiempo más tarde, en abril de 1938, fue declarada por la Delegación de Valencia de la Subsecretaría de Armamento del Ministerio de Defensa Nacional una de las Industrias de Guerra. Mientras en otros frentes el conflicto iba encrudeciéndose cada día que pasaba, los efectos secundarios de la guerra empezaron a hacer mella en la vida cotidiana de los alcoyanos. Los refugiados buscaban amparo en nuestra ciudad y los heridos llegaban en masa siendo enviados a los hospitales de sangre. En septiembre de 1937 el censo de habitantes había aumentado, desde 1935, en 2787 personas.

A finales de año, el ayuntamiento intentó descongestionar la ciudad solicitando “… que una parte de los refugiados, que en esta ciudad viven, se traslade a otras localidades de la provincia. Invitamos a los que resulten afectados por la medida, a que la acaten con resignación y convencidos de que laboran por el triunfo de nuestros ideales”. El gasto de mantener a los refugiados ascendía a 25.000 pesetas semanales, por lo que en su ayuda, se decidió que los sindicatos recaudaran el 5% de los jornales devengados. Por otra parte, los artículos de primera necesidad iban escaseando cada vez más y en su mayoría, se destinaban para los niños refugiados tal y como expresó el Sindicato Médico y la Comisión de Abastos, dada la escasez de productos alimenticios, acordaron lo siguiente: “Leche solo para niños menores de tres años y enfermos, leche condensada para niños de hasta seis meses, de lactancia artificial, azúcar para niños de seis meses hasta un año, 500 gr. cada diez días, y de doce a veinticuatro meses, únicamente para los que estén enfermos y tengan una notable detención en la curva del peso”.

Al mismo tiempo los dos hospitales de sangre, hasta el 25 de abril de 1937 día en que se inauguró el Hospital Sueco-Noruego, no paraban de recibir heridos desde Madrid, Jarama, Ciudad Real, Segorbe y otros muchos frentes. Un total de 1.146 heridos fueron ingresados en los tres centros hospitalarios siendo repartidos en el mes de diciembre a otras poblaciones debido a la masificación de enfermos.

Un hecho curioso a destacar es la nota de prensa del Consejero Delegado que se publicó en el periódico La Humanidad el domingo 14 de marzo de 1937: “ante las continuas quejas que viene recibiendo por parte de los elementos responsables y directores de los Hospitales de Sangre sobre vuestro comportamiento en lo que respecta a las salidas de noche de dichos establecimientos, este Departamento ha tomado la determinación de prohibir terminantemente la entrada en las casas de prostitución todo compañero hospitalizado en Alcoy”. Esta nota pretendía no empeorar aún más la salud de los soldados ni de los conciudadanos intentando evitar que se contagiasen enfermedades fácilmente.

Con la escasez de víveres empezó un periodo de revueltas y quejas hacia el consistorio por parte, en su mayoría, de las amas de casa. Todo esto ocurría sin dejar de lado a los llegados de otros lugares, fuesen refugiados o heridos de guerra, demostrando ser una ciudad llena de solidaridad con los más desvalidos.

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Rafa Segura, está inmerso en la que próximamente será su primera novela: “La Guerra de los dos senderos“. Este trabajo ambientado en el Alcoy de 1937 nos dará a conocer las calles de Alcoy como protagonistas de las andanzas de Miguel y Claudio, dos amigos de la infancia que regentan una vieja tienda de antigüedades. Con la Guerra Civil a punto de llegar a la ciudad, deberán realizar un encargo para su socio y vecino Jeremías Ferri. Una misteriosa biblioteca, un enemigo del pasado, los ataques aéreos y la partida del tío de Miguel, acompañarán a los dos muchachos en los momentos más desesperados de una contienda que resquebrajó a un país entero.

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