Al margen de la Fiesta
Javier Llopis

Frente al rigor perfectamente ordenado del programa oficial, la Fiesta de Alcoy ofrece una galería inagotable de ángulos inéditos. A lo largo de tres días, el paisaje humano de la ciudad se transforma y ofrece imágenes que rompen cualquier resto de normalidad y de lógica. Paco Grau ha recorrido este insólito escenario callejero y ha hecho la crónica fotográfica de unas jornadas intensas en las que reina la sorpresa permanente.

La Trilogía Festera tiene su propia literatura y sus propios códigos visuales. El programa de la Fiesta alcoyana es el fruto de un esfuerzo organizativo, que deja muy poco espacio a la improvisación y que hace que año tras año se sucedan unas imágenes perfectamente medidas en unos escenarios repetidos, en los que el detalle está controlado al milímetro. Todo este orden salta en pedazos cuando terminan las actividades oficiales. El rigor histórico y la uniformidad se transforman en anarquía, desaparece cualquier elemento previsible y las calles de la ciudad acogen una celebración popular en la que se superponen las imágenes contradictorias.

En esos entreactos la Fiesta alcoyana nos muestra sus momentos más sorprendentes y singulares. En esos entreactos se mezcla todo y resulta imposible separar a los festeros del público. Los rincones del casco antiguo, muertos durante el resto del año, cobran vida de repente y juegan el papel de decorados de este insólito teatro de despropósitos visuales.
Para cualquier observador inquieto, la Trilogía alcoyana es un inacabable banquete de detalles, un fiesta visual llena de momentos irrepetibles, en los que se puede captar el pulso de una ciudad que ha decidido darse una tregua de tres días, apartándose de cualquier asomo de normalidad y olvidándose de los rigores de lo políticamente correcto.

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