Un inacabable museo urbano
Javier Llopis

No hace falta meterse en un museo. Basta con darse un paseo para las calles de Alcoy para encontrarse ante una inacabable oferta de arte urbano. Artistas conocidos y personajes anónimos han convertido los muros de la ciudad en un despliegue de creatividad y de variedad estética.

Es un mundo aparte, que se mezcla cada día con nuestra actividad cotidiana. En las fachadas más espectaculares, en las tapias de los viejos solares abandonados del casco antiguo y en el último rincón imaginable de la ciudad aparecen estas pequeñas islas de expresión artística, que rompen la rutina visual y que abren ventanas al aire fresco y renovador de las artes plásticas. Los grandes murales impulsados desde el Ayuntamiento, a través de la Muestra de Cultura Urbana, se han unido a las innumerables pintadas y grafitis que artistas anónimos han ido dejando en las paredes a lo largo de los años. Las calles de Alcoy son un auténtico museo al aire libre y hay que disfrutar de él. Todos los estilos y todas las tendencias están representados en este gran lienzo hecho de cemento y de ladrillo. La imaginación de los autores se desborda y el espectador se encuentra con impactos que le obligan a detenerse en su camino y a contemplar con tranquilidad estas obras hechas desde la libertad creativa más absoluta.

Frente a los que todavía insisten en el desprecio y en la tentación de incluir estas obras dentro del capítulo del vandalismo urbano, habría que insistir y defender una afirmación obvia: estamos ante una manifestación artística de primera magnitud, que forma parte de la CULTURA (escrita así, con mayúsculas). Estas pinturas forman parte de nuestro patrimonio colectivo y contribuyen a quitarle grises al paisaje de una ciudad en la que lo práctico sigue mandando sobre lo estético.

Vale la penar caminar con calma por Alcoy y contemplar con ojos nuevos este universo barroco de geometrías imposibles que se entrelazan. Vale la pena dejarse llevar por un arte que nos sale al encuentro a la vuelta de cualquier esquina. Paco Grau, con su particular visión, nos muestra este particular paisaje.

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