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18 personajes de ficción para afrontar un confinamiento
La literatura y el cine están llenas de historias de tipos que afrontaron largas etapas de encierro

La literatura y el cine están llenos de personajes de ficción que vivieron largos periodos de confinamiento y de encierro. Eran gente de todas las clases: tipos duros, buenas personas, cabrones más retorcidos que la pata de un romano y pirados dignos de lástima. Todos ellos nos pueden servir hoy de ejemplo para afrontar esta durísima temporada de arresto domiciliario impuesta por el maldito coronavirus.

1-Genio de Aladino
Como el genio de la lámpara aproveche su encierro para ganar peso y altura (lo segundo si puede, lo primero seguro) y, si tiene tiempo (lo tiene) para arreglarse un poco el pelo aunque sea con una coleta que falta hace. Cuando le liberen, si le liberan, concédale tres deseos al rescatador y después salga por piernas antes de que intenten volver a encerrarle con engaños o amenazas

2-El Fantasma de la Ópera
Para ejercer de Fantasma de la Ópera durante la cuarentena hace falta un atrezzo mínimo. Antes de actuar, el aspirante a espectro debe proveerse de una máscara dorada que le cubra medio rostro, de un sombrero viejo de ala ancha, de una larga capa negra y de un órgano de iglesia de más de 100 tubos. Dado que este material musical no suele encontrarse en las casas normales, el órgano puede ser sustituido por un casiotone de los años 80 de aquellos que tenían un botón para los ritmos. Una vez reunido todo este equipo, el fantasma se puede dedicar a interpretar fugas de Bach a máximo volumen y a recorrer su casa a media noche dando alaridos espantosos y sembrando el pánico entre su familia. Las posibilidades de que llamen a una ambulancia del Servicio de Psiquiatría son del 99,78%.

3-Jack Torrance
Otra alternativa es la que eligió el protagonista de “El Resplandor” durante su encierro invernal en un hotel de alta montaña: escribir una novela larga con un argumento bien sencillo y practicar ejercicios de aizkolari sobre la puerta del dormitorio de su esposa mientras su hijo solicita ayuda telepáticamente.

4-El Conde de Montecristo
Está forma de pasar el confinamiento está especialmente pensada para personas avinagradas y rencorosas. Como hizo Edmundo Dantes en el castillo de If, usted puede aprovechar los largos días de encierro para tramar alambicadas venganzas contra sus principales enemigos. Si es usted una persona desalmada, comprobará que el tiempo se pasa muy rápido cuando uno le da vueltas a refinados castigos sobre los tipos que más odia en el mundo. Es importante no actuar al tuntún, lo primero que tiene que hacer los practicantes de esta perversa modalidad de terapia ocupacional es elaborar una completa lista negra de sus enemigos.

5-Robinson Crusoe
Dedicarse al bricolaje, con tiempo por delante, también es una opción. Tanto si se tiene la oportunidad de compartir el aislamiento con un compañero, Viernes (ahí lo dejo) como si se ve obligado a permanecer en la más estricta soledad a la manera del náufrago Chuck Noland que tuvo que buscar una pelota de fútbol para que le hiciera compañía. Las pelotas de puchero también valen.

6-La Momia
La única pega que tiene esta solución es que resulta carísima, ya que exige disponer de una cantidad abundante de papel higiénico, un material que actualmente recibe la consideración de artículo de lujo. Hacer la momia es la excusa perfecta para pegarse largas siestas en estos aburridos días de confinamiento: hay que envolverse todo el cuerpo en papel Scotex y tirarse en la cama (convertida en sarcófago) con los brazos cruzados sobre el pecho llevando en cada mano un cucharón a modo de exvoto sagrado. Si su esposa le recrimina esta exhibición de vagancia, siempre le podrá responder con frases peliculeras del estilo: ¡Calla insensata, no interrumpas el descanso eterno del gran Akenatón o caerá sobre ti la maldición del escarabajo de oro!. Si su mujer le aguanta la tontería, es que lo quiere mucho o que le ha dado ya por imposible.

7-Rapunzel
Otra posibilidad es dejarse crecer la cabellera (no hay otro remedio ya que han cerrado las peluquerías) y en función del piso en el que se viva sacarla (la cabellera) a última hora de la noche por la ventana, a ver si con un poco de suerte sube un príncipe, o una princesa, le libera del encierro y le lleva en caballo a su castillo. Siempre que por el camino no les pare la guardia civil.

8-Tim Robbins y “Cadena perpetua”
Busque en el cuarto de los trastos algún poster viejo de Samantha Fox o un viejo cartel de Fiestas y colóquelo en la pared de alguna habitación de la casa que se use poco. Por las noches, cuando su familia se vaya a dormir, coja una cucharita de café y empieza a rascar el muro, tapándolo convenientemente por la mañana. Los cascotes resultantes se deben guardar en un bolsillo del pantalón y se dejarán caer en el balcón cada vez que salga a las ocho a aplaudir, nadie se dará cuenta ya que el ruido de los aplausos los tapará todo. Si la cuarentena dura un par de meses, conseguirá abrir un gran boquete y podrá entrar en casa del vecino para darle un susto de muerte o para robarle un par de cajas de cerveza y un lote de latas de berberechos de los buenos. Si el vecino se queja, dígale que son humedades y que llame al seguro de la casa.

9-Decamerón
Mucho más productivo a efectos lúdicos y literarios es montarse un encierro a lo Decamerón (siete mujeres y tres hombres) para contarse historias sobre el amor, la inteligencia humana, la fortuna y, de tanto en tanto, poner en práctica el sabio consejo del poeta que decía: “folleu folleu que el món s’acaba”.

10-El Jorobado de Notre Dame
Esta alternativa está reservada únicamente para aquellas personas que disponen de una buena terraza en su vivienda o que pueden acceder a los tejadillos de la casa. Se trata de reciclar alguna túnica vieja de cuando participó en la roponá de su filà y de ponerse un cojín en la espalda a modo de chepa. A partir de ahí, toca dar saltitos simiescos y asustar a los escasos transeúntes que pasen por la calle con toda clase de gritos y de amenazas. Puede que su prestigio personal salga malparado de esta experiencia, pero lo que nadie podrá evitar es que se convierta en el tipo más popular del vecindario.

11-L.B. ‘Jeff’ Jefferies
Si el encierro se le pone duro (que rara suena la frase) siempre puede hacer como el protagonista de “La Ventana Indiscreta”, obligado durante semanas a permanecer en reposo con una pierna escayolada, y dedicarse a espiar a sus vecinos. Con suerte ve a la vecina de enfrente (la que está a punto de cumplir ochenta y siete) quitándose la faja y evita un asesinato. El suyo propio.

12-El Doctor Maligno
He aquí un ejemplo de cómo sobrellevar toda una vida de encierro. El Doctor Maligno, el villano de las películas de Austin Powers, pasa el tiempo encerrado en misteriosas guaridas ubicadas en volcanes huecos, en fortalezas inexpugnables o en naves espaciales. A pesar de eso, no se deja llevar nunca por el desánimo y dedica todo su tiempo a tramar estrambóticos planes para destruir la  Humanidad. Vale la pena imitar el entusiasmo de este genio del mal y dedicar parte de la cuarentena a urdir planes malignos contra cualquier conocido, compañero de trabajo o institución que nos hayan tocado las pelotas últimamente. Imprescindible disponer de un gato, para tenerlo en el regazo y acariciarlo mientras se lanzan amenazas apocalípticas y terribles risotadas malignas.

13-Hannibal Lecter
Sáquele a sus semanas de confinamiento el provecho que el Doctor Lecter le sacó a sus días de cárcel. Aprenda cosas, escuche música, dibuje y, de vez en cuando, condimente platos gourmet usando como ingrediente principal los higadillos de algún vecino de encierro especialmente insoportable.

14-San Simeón el Estilita
Aunque no es estrictamente un confinamiento, este santo natural de Siria batió todos los records de aislamiento al permanecer más de 30 años viviendo sobre una columna ubicada en medio del desierto. El personaje se las trae, ya que fue expulsado de un convento por su excesivo rigor religioso y por si esto fuera poco, se le atribuye la invención del cilicio. San Simeón probó primero con una cisterna seca, después con una cueva y al final, decidió pasar sus días de eremita en una plataforma ubicada en una columna que empezó con 3 metros de altura, luego con 7 y al final, de 17. No se sabe exactamente de qué se alimentaba este personaje y es mejor no pensar en cómo resolvía el dilema de sus funciones fisiológicas (hay expertos que le atribuyen la invención del concepto cagar al vol). Como no podía ser de otra forma, Luis Buñuel le dedicó una de sus películas mexicanas.

15-Segismundo
Aproveche el tiempo que pasa encerrado en su casa para meditar, como el príncipe Segismundo de “La vida es sueño”, sobre lo divino y lo humano, la riqueza y la pobreza, la realidad y lo imaginado, el sueño y la muerte. Y si tiene  cuerpo de recitar salga al balcón y exclame: “¡Hoy sueño que estoy aquí de estas prisiones cargado y soñé que en otro estado más lisonjero me vi!”. Luego métase en casa, no vaya a coger frio, y siga viendo First Dates.

16-El Capitán Nemo
Si se piensa bien, el Capitán Nemo hacía poco más o menos lo mismo que hace ahora cualquier ciudadano español confinado: mirar por la ventana y salir de vez en cuando a conseguir comida. El inolvidable personaje de Julio Verne tenía desde luego mucho más glamour: mirar por las ventanas del Nautilus le ofrecía la posibilidad de ver un paisaje submarino digno de Jacques Cousteau; sus salidas eran expediciones con escafandra por el fondo del mar para luchar contra calamares gigantes. Lo nuestro es mucho más prosaico: por la ventana sólo se ven vecinos aburridos y algún coche aislado, las salidas son “trepidantes” aventuras al Mercadona

17-Dios
Otro personaje no estrictamente de ficción pero que pasó eones en total soledad y además a oscuras y del que tenemos mucho que aprender es el Altísimo. A ver si cansados de ser el principio y el fin de nosotros mismos nos da por crear universos, encender la luz, provocar diluvios dejando chorrear el grifo de la bañera o enviar a nuestro hijo unigénito a la Tierra; que en la tesitura actual sería como enviarlo a comprar  pan o a tirar la basura.

18-David Bowman
Considere su arresto domiciliario como una misión espacial y su casa como la nave de “2001. Una odisea en el espacio” que surca la galaxia en busca de una lejana señal procedente de Júpiter. Durante el viaje consuma comida enlatada, mantenga una cierta distancia en el trato con su compañero/a, hágase unas carreras por el pasillo y después cárguese su ordenador portátil y mande ‘allà a on brama la tonyina’ toda esta mandanga de las reuniones virtuales y del teletrabajo.

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