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¡Perdoneu, pero algú ho havia de dir! (I)
Cosas insoportables de Alcoy que los alcoyanos no se atreven a decir en voz alta

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1.Las Entradas son larguísimas y en ocasiones resultan insoportables
Aunque representan el mayor espectáculo de la Fiesta de Alcoy, las Entradas de Moros y Cristianos se han pasado claramente de rosca en lo que se refiere a duración. A miles de espectadores se les hacen insoportables unos desfiles que vienen a durar en conjunto cerca de ocho horas. Las fugas masivas de público al paso de los alféreces son la mejor demostración de que algo funciona mal en esta magna demostración de coreografía festera

2.El café licor es un bebedizo que sabe a demonios
Por más que se le de bombo y se haya puesto de moda su elaboración artesanal, su degustación y forme parte de la liturgia de los ‘auténticos alcoyanos’ hay que reconocerlo sin ambages: el café licor es una porquería. Una pócima que sabe a suela de cuero mojada y que produce insomnio, flato y una larga lista de dolencias gastrointestinales. De hecho basta con hacerse una pregunta ¿si tan bueno es por qué la mayoría de gente lo rebaja con Coca-Cola que es una bebida que los militares utilizan para limpiarse la pistola?

3.Los carteles de Reyes son infinitamente mejores que los de las Fiestas de San Jorge
Los carteles de Moros y Cristianos los suele hacer un artista consagrado, que cobra un buen pico por la obra. Los de la Cabalgata los hacen chavales jóvenes poco conocidos y su recompensa suele ser bastante humilde. A pesar de esa evidencia, durante las últimas décadas los anuncios del ciclo navideño han dejado en la fachada del Ayuntamiento piezas llenas de imaginación, colorido y de alegría. Mientras que los anuncios de la “Fiesta grande” han registrado una preocupante acumulación de obras acartonadas, cuyos autores parecían actuar bajo el temor a recibir un abucheo o a verse inmersos en el centro de una violenta polémica en las redes sociales.

4.La cruz de San Cristòfol canta más que una almeja de carril
Vale que forma parte de la tradición (de la tradición de los últimos setenta años se entiende) y que a estas alturas ya se ha convertido en una imagen icónica de la ciudad. Pero cabe preguntarse qué tipo de imagen. ¿Qué pensarán de nosotros los viajeros de la autovía cuando ven ese pedazo de cruz Extra King Size dominando el valle desde lo alto? Como mínimo que somos un pueblo de chupacirios o de ‘arrecogíos’ de beaterio. ¿No sería mejor aprovechar la estructura metálica para colgar un anuncio luminoso como Dios manda con el literal ALCOI/ALCOY? O adaptarla a los días y fechas señaladas y convertirla en Navidad, por ejemplo, en bonito abeto con sus luces y bolitas.

5.Los abisinios son un bodrio de tapa
Por mucho orgullo alcoyano que le echemos, el abisinio es una tapa con muy poca gracia y cuyo consumo puede provocar graves consecuencias para la salud. Tenemos un huevo duro, rebozado con una pasta cargada de huevo. Estamos ante la versión alcoyana del pan con pan comida de tontos. El mundo de la fritanga local tiene múltiples elementos sabrosos que nos permitirían enterrar para siempre una preparación gastronómica que puede calificar sin temor a la exageración como una auténtica huevada.

6.La casa junto al puente de Fernando Reig parece la torre de Fu-Manchú
Es un hecho. La mires desde donde mires, desde la parte que quieras de Alcoy, veras sobresalir la silueta de esa casa construida al borde del abismo en la que destaca su torre de vigía y su torre del homenaje con los matacanes redondeados. Por mucho que se intente es difícil resistirse a establecer comparaciones con el castillo de Fu-Manchú desde donde se dominaba el Bósforo y el villano chino maquinaba planes parta terminar con la civilización occidental con la ayuda de esbirros, ninjas y guerreros orientales.

7.La Llotja de Sant Jordi no tiene ninguna utilidad conocida y además provoca mareos
La Llotja de Sant Jordi es un impresionante recinto, diseñado por Santiago Calatrava que provoca el asombro a todos los que entran en ella. A pesar de eso, esta enorme sala subterránea, no tiene (al menos que se sepa) ninguna utilidad conocida: las exposiciones de pintura quedan desangeladas, la mala acústica impide los conciertos y el teatro y el recinto está vetado para reuniones sociales, dado que carece de las más mínimas medidas preventivas de seguridad. Por si este fuera poco, el acceso a esta gran cueva provoca leves mareos a muchos visitantes, ya que es un espacio con un feng shui absolutamente trastornado. Cualquiera que haya entrado a una presentación y se haya tomado dos cervezas en medio de este gigantesco esqueleto de ballena puede confirmar esta circunstancia.

8. El césped artificial del Parterre es feo, incómodo e insalubre
Parece mentira que en una ciudad que se precia de ser la Suiza alicantina por estar flanqueada por dos Parques Naturales muchos de los jardines de su casco urbano en lugar de suelo de tierra y piedra tengan un mazacote artificial que se cuartea cada dos por tres. Y en lugar de césped lucen un tapiz insalubre que a diferencia de la hierba de toda la vida ni transforma ni descompone ni absorbe nada de lo que le cae encima; y además es más feo que el Fary comiendo limones. Para tenerlos así mejor que los asfalten y que se marquen un Rosaleda Popular que consiste en poner cemento sobre cemento.

9.La Vía Verde empieza a perder toda la gracia
La Vía Verde se está muriendo de éxito. Cualquier persona que quiera darse una caminata por ella con el deseo de disfrutar del contacto con la Naturaleza está condenada al fracaso más absoluto. Ciclistas embalados, runners al borde de la asfixia soltando bufidos agónicos, gruposde jubilados y de jubiladas que hablan a voz en grito y señores que hacen todo el recorrido con un transistor con Carlos Herrera a máximo volumen (desconocen la existencia de los auriculares) impiden el disfrute del paseo. Lo de escuchar los pajaritos del campo y oler las matas de romero es un opción cada vez más complicada, salvo que uno salga a caminar a las seis de la mañana.

10.Los alcoyanos sólo compran peladillas para regalárselas a gente de fuera
Aunque Alcoy ostenta el título de “La peladilla de España”, los habitantes de esta ciudad apenas disfrutamos de este particular dulce. La compra de paquetes de peladillas no es casi nunca para consumo interno, ya que se utilizan para hacer algún regalo a un visitante de compromiso o para mandárselos por Navidades a algún pariente que vive fuera de la ciudad. En las fuentes de dulces y de turrones navideños, las peladillas juegan un papel secundario, se colocan como un fondo blanco sobre el que reposan otras golosinas más atractivas y al final del ciclo navideño, acaban amarilleando y sin que nadie se las coma. Algo parecido pasa con el torrat ensucrat.

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COMENTARIOS

  1. Jordi says:

    Estimados señores Llopi y Jordà,

    Después de leer su columna, escrita a cuatro manos, he decidido beberme litro y litro de cicuta. Gracias por el empujoncito…solo no me atrevía.

    Pero con lo del café licor cometen un error de bulto: sin duda se trata de un excelente estimulante para la fiesta, y la vida. Discrepo abiertamente.

    Con respeto y estima
    Jordi

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