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El anonimato digital (o la cobardía real)
Bajo mi punto de vista, este anonimato del que hacen uso los usuarios de los diferentes medios digitales esconde tras de sí una gran cobardía y miedo, mucho miedo
Enrique Peidro, 29/04/2015

La aparición de Internet en nuestras vidas ha supuesto una gran revolución en muchísimos aspectos, siendo los más evidentes el rápido y casi instantáneo acceso que tenemos a la información o la mejora en las comunicaciones interpersonales. También en las escuelas ha impulsado una auténtica renovación, no solamente pedagógica y didáctica, sino también de las propias infraestructuras de los centros, que se han visto obligados a realizar importantes desembolsos económicos en aparatos diversos (ordenadores, pizarras digitales, tabletas…) y medios que garanticen un buen acceso a Internet en todas las aulas del colegio para un gran número de dispositivos a la vez. Y todo ello acompañado, inevitablemente, de un cambio en los roles tradicionales del profesor y los alumnos.

Uno de los aspectos en los que más insisto con mi alumnado es el uso ético de la tecnología. No vale todo en Internet. No todo es legal, hay acciones que podrían ser sancionadas legalmente. Todos nos hemos escandalizado alguna vez cuando en las noticias han comentado el caso de algún alumno de instituto que ha sido objeto de agresiones y sus compañeros lo han grabado con el móvil para colgarlo en “youtube”. También hemos oído casos de personas (generalmente chicas adolescentes) que se han fotografiado medio desnudas, mandado esa foto a sus novios y luego, una vez rota la relación, éste ha distribuido la foto entre todos sus conocidos. Adiós a la intimidad. Y luego hay otras cosas que, yo no sé si son legales o no lo son, pero que, desde luego, son muy poco éticas.

Es el caso que quiero comentar aquí. Me refiero a la participación en foros y redes sociales de forma anónima, o mejor dicho, bajo un pseudónimo. Pongamos un ejemplo. Aquí mismo, al finalizar la lectura de este artículo, se os ofrece la sana posibilidad de comentarlo. Para ello solamente se necesita dar un nombre, una dirección de correo electrónico… ¡y ya tenéis carta blanca para escribir aquello que os plazca! Tranquilamente podéis poneros el nombre que os dé la gana, puede ser el vuestro auténtico, pero también puede ser el de algún conocido al que queráis fastidiar un poco. Esto no suele pasar demasiado, supongo que porque la gente es mala, pero no tonta del todo, y piensa que si hace eso y el susodicho se entera, puede que se mosquee, plante una denuncia, se investigue la procedencia del mensaje y todavía tengamos un problema. Así pues, lo que se suele hacer es firmar con un pseudónimo, y escondido detrás de esa fachada uno ya se dedica con total impunidad a mentar a la madre que parió al articulista (o a otro usuario del foro) con toda la grosería y falta de educación de la que sea capaz de hacer gala (y en muchas ocasiones, con muy mala ortografía, pero eso sería motivo para otro artículo).

Respecto al otro requisito necesario para finalizar este proceso de registro, la dirección de correo electrónico, también es bien sencillo cumplimentarlo salvaguardando nuestra verdadera identidad. Generalmente, lo único que hace falta es que el texto introducido contenga el carácter “@” que es el que se asocia al mail. Si la gente es temerosa, puede que detrás introduzca algún dominio real por si acaso, tal como “hotmail” o “gmail”, pero tampoco ello suele ser imprescindible. Así pues, yo podría introducir el siguiente nombre de usuario, que será el que vean luego todos los lectores: “el vengador justiciero”; la siguiente dirección de correo electrónico: “abcdefghi@hotmail.com”;y escribir el siguiente texto constructivo: “Ojalá el que ha escrito este artículo este artículo sufra de diarrea todo lo que le queda de mes”. Enviar.

Algunos foros y páginas, que son más serias, disponen de un administrador que debe aprobar el mensaje, cuidando que su contenido no sea ofensivo ni se insulte a nadie. Pero no es lo más común. Lo normal es que el contenido se apruebe y publique casi instantáneamente, sin ser revisado por ningún responsable de la web en cuestión. Y todavía más impunidad hay en las redes sociales, en las que solamente buscando el nombre de la persona a la que deseo interpelar, puedo dejarle el mensaje que quiera. Supongo que esta práctica es denunciable pero, ¿quién de nosotros tiene ganas de meterse en un lío jurídico de esa envergadura?

Bajo mi punto de vista, este anonimato del que hace uso los usuarios de los diferentes medios digitales esconde tras de sí una gran cobardía y miedo, mucho miedo. Miedo a dar la cara, a que se sepa quién eres realmente, posiblemente por el hecho de que algunos de estos individuos sean rostros conocidos entre el ámbito al que se dirigen (política, deporte, periodistas…). Y, tal y como he comentado anteriormente, una falta de ética y de valores absolutamente deleznable. Porque si los tuvieran, no se ampararían en un anonimato asqueroso para insultar, criticar y ofender a otras personas. Hay que ser cobarde, miserable y rastrero para utilizar pseudónimos como “Pelletes tornarà”, “Un alcoià indignat”, “festerot” o “quin cagao de poble” (todos ellos reales como la vida misma, yo los he visto), y creer que eso ya es suficiente escudo tras el que esconderse y vomitar exabruptos. ¿Tenéis algo que decir? ¡Decidlo! Pero usad vuestro nombre, que se sepa cuáles son vuestros motivos. Y si no estáis dispuestos a que sea así, mejor no escribáis nada.

¡Pues no nos queda trabajo por hacer en las escuelas!

PD: ¡Estoy deseando que este artículo genere algún comentario y ver vuestros nombres de usuario…!

Enrique Peidro es maestro de Educación Primaria.

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COMENTARIOS

  1. KaiserSoze says:

    #dontfeedthetroll

  2. Juan Abad says:

    Vam tindre ocasió de parlar del teu anterior article d’opinió, i saps que compartisc el teu criteri.

  3. KaiserSoze says:

    I evidentment no estic d’acord en tu. Veig un poc extremista la teua posicio. No tot el mon anonim es dedica a insultar. En twitter hi han moltes persones que de forma anonima debatixen d’una manera clara i correcta. Tb hi ha molta gent que diu barbaritats sense amagarse.
    Hi han mesures per controlar als trolls. Misstges moderats (com en esta web) creec que es un bon començament.

  4. Elías Segura says:

    Se empieza por pedir corrección y educación, moderación, maneras, y por la puertita se cuela al final la misma bicha de siempre, la censura. La censura, aunque le pongas delante eso de «auto», no deja de ser una reja de jaula. Si no nos ponemos tan finos se nos colará algún descerebrado, pero fluirá libre la libre opinión, en su mayor parte.

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