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El coronavirus y la teoría de la olla de pito
¿Serán capaces de aguantar los alcoyanos un periodo tan largo de privación de todas sus válvulas festivas de escape?
Javier Llopis, 8/09/2020
FOTO: PACO GRAU

Hay una teoría sociológica que asegura que Alcoy funciona con el mismo mecanismo que una olla de pito. Esta línea de pensamiento parte de una descripción tópica del carácter de los alcoyanos, a los que se considera una gente seria y trabajadora, poco dada a exteriorizar sus sentimientos. Una vez establecida esta verdad “irrefutable”, se llega a la conclusión de que esta  ciudad  -aislada entre montañas y con un pasado de rigor industrial que imprime carácter- está sometida a una presión social constante y no revienta en mil pedazos porque ha sabido inventarse a lo largo de los siglos un efectivo sistema de válvulas de escape, en el que sobresalen acontecimientos como las Fiestas de Moros y Cristianos o el ciclo  navideño.La llegada del coronavirus y la suspensión total de cualquier actividad festiva nos coloca ante una pregunta de difícil respuesta:  ¿serán capaces de aguantar Alcoy y los alcoyanos un periodo tan largo de privación de todos sus desahogos oficiales?.

Las Fiestas de 2020 cayeron estrepitosamente a causa de las restricciones aplicadas por la pandemia y con ellas, un inacabable rosario de actividades lúdicas y sociales: entraetes, ensayos, glorias, presentaciones varias y Mig Any. El espectacular ciclo navideño alcoyano se salvó por los pelos del desastre, pero existe el fundamentado temor a que los actos del 2021 no puedan celebrarse. También hay dudas sobre los festejos de moros y cristianos del año próximo, dado que parece muy difícil que en cuestión de unos meses se encuentre una solución sanitaria que permita celebrar con normalidad encuentros de multitudes en las calles. Junto a estos dos pilares centrales, a lo largo de este nefasto ejercicio también han desaparecido  otras citas menores, pero igualmente importantes para nuestro equilibrio de fuerzas: Mostra de Teatre, Semana Modernista, Romería de la Font Roja y un largo listado de eventos deportivos y culturales que mueven a miles de personas.

Estamos en medio de un desierto social, cruzando un tristísimo año en blanco, que puede prolongarse en el tiempo, si nuestras autoridades (que no andan muy listas últimamente) no encuentran una solución mágica, que nos permita salir rápidamente de este deprimente paréntesis. Miles de alcoyanos, que dedican buena parte de sus vidas a participar o a organizar Entradas, Dianas, Cabalgatas y Bandos, se enfrentan cada día con un enorme hueco en sus agendas. Si en los primeros meses todas estas carencias se asumían con solidaridad y espíritu combativo, la prolongación del problema en el tiempo y la sensación de que nadie tiene ni puta idea de cuánto puede durar la cosa han contribuido a generar un sentimiento de desánimo, que empieza a derivar hacia un cabreo sordo y doloroso.

Alcoy es una comunidad que tiene perfectamente diseñada su cartografía sentimental. En primavera tocan moros y cristianos. En invierno, Tirisiti, Pastoretes y Reyes. La llegada del otoño se saluda con la romería a la Font Roja y con el incipiente éxito de la Semana Modernista. Si nos privan de todos estos referentes, el calendario se transforma en un galimatías carente de sentido y los habitantes de la industriosa ciudad del Serpis empezaremos a andar por el mundo como vacas sin cencerro.

Volviendo a la teoría de la olla de pito, hay que insistir en que Alcoy es una ciudad que genera una enorme cantidad de energía social y festiva a la que es necesario ofrecerle algún tipo de salida si se quiere evitar que se produzcan males mayores, en forma de frustración colectiva, desánimo general y pérdida de cohesión como pueblo. Aunque todos tenemos muy claro que la salud es lo primero y que es una locura ponerse a tiro del maldito virus por una cuestión de ardor festero, alguien debería encontrar una solución imaginativa para superar este trance, en el que además de vernos amenazados por la enfermedad y por la ruina económica nos estamos quedando sin defensas sentimentales a las que agarrarnos.

Vas por la calle y cada día te encuentras con más gente que no puede ocultar su irritación y su cabreo. Surgen broncas violentas por los actos más cotidianos. Poco a poco, empiezas a darte cuenta de que hay muchos convecinos que necesitan con urgencia una buena noche de “entraetes”, un par de sesiones de Tirisiti o en su defecto un buen psiquiatra que les alivie de tantas pérdidas.

 

 

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COMENTARIOS

  1. Cmapislote says:

    Fantástic article.
    Enhorabona.
    Feliçitacions.

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