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El mapa del tesoro
Javier Llopis, 21/10/2014

Entusiasmo. Entusiasmo del bueno. No ese material ampuloso y vacío que intentan vendernos los gobiernos cada vez que llega una campaña electoral. Durante un acto de homenaje en el Principal, el profesor Román de la Calle les expidió a los sorprendidos asistentes una receta de esta medicina infalible contra la depresión social y el pesimismo. Aunque hay motivos más que sobrados para dejarse llevar por la corriente del desánimo, este inagotable personaje de la cultura y de la universidad nos dibujó desde el rigor y desde la concisión académica un mapa del tesoro para salir bien librados del estado de postración y de crisis de autoestima en el que vivimos sumergidos los alcoyanos en particular y los habitantes de la Comunitat Valenciana en general.

El primer punto de esta lista es la absoluta confianza en la preparación y en la capacidad de las jóvenes generaciones para sacarnos de este infame atolladero; una auténtica declaración de fe, que tiene un valor muy especial viniendo de un hombre que lleva más de cuarenta años formando a la juventud valenciana en la universidad. En segundo lugar, Román de la Calle aconseja hacer un sencillo experimento lleno de espíritu práctico: olvidarse de los desastres (que ya no tienen remedio) y de la autoflagelación y analizar nuestro pasado para repasar las cosas que se han hecho bien por estas tierras en otras épocas (que se han hecho y muchas) e intentar aprender de ellas para repetirlas en el futuro. Para cerrar esta batería de argumentos a favor del optimismo, el profesor recurre al uso de un dicho popular y nos recuerda que en peores plazas hemos toreado y que al final, hemos salido indemnes e incluso mejorados.

Román de la Calle es un alcoyano y un valenciano singular. Estimado y muy valorado en el mundo de la universidad y de la cultura, su nombre salta al primer plano mediático con motivo de su ejemplar dimisión del cargo de director del MUVIM tras sufrir un acto de censura por parte del cabestro político de turno. Ante la ciudadanía aparece de repente un personaje poliédrico, en el que se combinan la independencia y el compromiso ético con la educación y las artes. Si se profundiza en su intensísima biografía aparecen nuevos datos y se comprueba que estamos ante una figura de primer orden con un amplio reconocimiento internacional; un auténtico “homenot”, que ha jugado un papel clave en algunos de los proyectos académicos y artísticos más brillantes de este país en los últimos años.

Alcoy está viviendo estos días una especie de reencuentro oficial con este hijo ilustre algo olvidado. En la celebración del 9 de Octubre y en el pequeño homenaje biográfico del Teatro Principal hemos tenido la oportunidad de recuperar a un hombre que puede hacer aportaciones importantes para el eterno debate en torno a esta ciudad. Nos hacen falta este tipo de referentes. Nos hace falta que tipos como Román de la Calle vengan más por aquí, aunque sólo sea para contagiarnos su esperanza entusiasta y su profesoral capacidad para convencernos de que hay una lucecita al final de túnel.

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