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Punto de vista
Matando bares a cañonazos
El cierre de los locales de ocio nocturno, la legalidad y el sentido común
Vivimos tiempos extraños en los que todo el mundo apuesta por la inteligencia artificial y en los que nadie parece echar cuenta del sentido común. Las administraciones públicas son entes  paquidérmicos ajenos a toda lógica, que se han especializado en matar moscas a cañonazos. La situación creada con el cierre total de los locales de […]
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Obri la llauna
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En pocs dies tornem re-agrupar-nos, amuntegar-nos i també il·lusionar-nos per tal de novament prendre parit en moltes lliçons. Tant a dins de classe coma fora esperant el nen que corre cap als braços de l’avi que l’espera, el proper curs ja ens està a l’aguait i disposat a avançar-nos per la dreta.
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El coronavirus y la teoría de la olla de pito
¿Serán capaces de aguantar los alcoyanos un periodo tan largo de privación de todas sus válvulas festivas de escape?
FOTO: PACO GRAU
Hay una teoría sociológica que asegura que Alcoy funciona con el mismo mecanismo que una olla de pito. Esta línea de pensamiento parte de una descripción tópica del carácter de los alcoyanos, a los que se considera una gente seria y trabajadora, poco dada a exteriorizar sus sentimientos.
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Empresas y compromisos
Javier Llopis, 17/02/2019

Un titular redondo en el digital de Radio Alcoy: Germaine de Capuccini dejará de ser alcoyana. Es una noticia incómoda, que ha pasado como un ángel por las páginas de la actualidad. Nadie sabe por dónde coger una operación económica inesperada, que se salda con la venta a un grupo inversor americano de la empresa más emblemática del floreciente e ilusionante sector cosmético alcoyano. No hay reacciones políticas, no hay debates y por no aparecer, ni aparece ese acostumbrado coro de lamentaciones que acompaña a este tipo de acontecimientos.

Una empresa familiar, de esas que le han dado a Alcoy fama de ciudad emprendedora, pasa a manos de un grupo internacional sin cara y sin ojos. La venta del 100% de las acciones de Germaine a ACON Investiments y Torreal quiere decir que a partir de ahora las decisiones no se tomarán aquí, sino en algún lejano despacho de Washington o de vaya usted a saber dónde. Aunque se intente disfrazar con eufemismos del tipo “proceso de internacionalización”, el cambio es sustancial y el que tenga alguna duda, que les pregunte los vecinos de Onil, que vieron marcharse a Alicante la emblemática Famosa tras ser adquirida por un grupo inversor. Y si las cosas no le han quedado claras, vale la pena echarle un vistazo a los tumbos y a los cambios de propietario vividos por el centro comercial de Alzamora, que lleva 16 años pasando de mano en mano en un interminable baile de grupos de capital riesgo.

No hay polémicas por una razón bien sencilla: resulta imposible encontrar culpables para una situación que supone un fuerte golpe psicológico para el ego colectivo de los alcoyanos. No se puede responsabilizar a los políticos por no generar suelo industrial o por no desarrollar una buena promoción económica; tampoco se puede culpar a los ecologistas (esto siempre es muy socorrido) por paralizar algún proyecto de parque empresarial y queda feo arremeter contra la familia que ha vendido sus acciones, ejerciendo un derecho sacrosanto en cualquier economía de mercado: el de ganar dinero.

Soplan los vientos de la nueva economía y de la globalización. Conceptos como el del compromiso de las empresas con el territorio y con la sociedad han quedado convertidos en antiguallas y sólo unos pocos “tipos raros” como Juan Roig tienen interés en practicarlos. El objetivo único es la rentabilidad pura y dura y en el caso concreto de Germaine se ha cumplido escrupulosamente este precepto.

El futuro es otra cosa. Resulta especialmente inoportuna la “desalcoyanización” de esta firma, precisamente en el mismo momento en que todos los grupos del Ayuntamiento se habían puesto de acuerdo para potenciar el sector cosmético creando un instituto tecnológico específico en la antigua manzana de Rodes. Al margen de los chascos políticos, la venta de Germaine de Capuccini abre una inevitable sensación de incertidumbre. La empresa puede quedarse entre nosotros durante cien años, puede trasladarse dentro de un mes a Tombuctú, puede mantener sus empleos, puede hacer despidos masivos o puede vivir un periodo de expansión espectacular. Los nuevos propietarios pueden hacer todo esto y mucho más, con una ventaja considerable sobre sus antecesores: no tendrán que pasearse por las calles de Alcoy justificando sus decisiones, ni afrontando las repercusiones sociales de sus actuaciones empresariales. Esto es un asunto interno entre ejecutivos e inversores. La ciudad que vio nacer y crecer a esta empresa ya pinta más bien poco en esta historia.

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COMENTARIOS

  1. Pepe says:

    Las terceras generaciones en las empresas familiares, si no han mamado la empresa desde abajo y han aprendido lo que cuesta poner en valor un proyecto, están condenadas al fracaso!. Esta claro que ahora se llevan una pasta, seguramente significativamente menos de lo que realmente vale la empresa. Esperemos que no sea pan para hoy y hambre para mañana!!. Sin olvidar los excelentes profesionales que lideran Germain!.

  2. Rafael Valls says:

    Javier. Buen artículo. Magnífica descripción. Lamentable situación. Gracias por estar ahí. Quizás convendría aleccionar a los responsables políticos antes de mayor «desalcoyanízación». Enhorabuena y contad conmigo para toda crítica constructiva y educativa. Esto se ha puesto serio y ya no se piensa mas que en la enramada. Enhorabuena…!!!!!!!

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