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Seguimos en el fango
Recordemos que las expectativas crean heridas, y las nuestras no eran estar en el fango
Mauro Colomina, 22/10/2017

Qué fácil es olvidar cuando estabas en el barro una vez estás arriba. Le ha pasado a Messi o Cristiano Ronaldo, ambos provenientes de familias humildes que necesitaron en su día del cuidado de las administraciones, la solidaridad de sus vecinos o, directamente, la caridad ciudadana y las que desde hace unos años, parece ser, negaron a Hacienda parte de lo que nos correspondía a todos vía impuestos.

Bueno, pullita lanzada toca hablar de lo que importa. Mejor dicho, de lo que quiero.

Ayer, mientras centenares de personas celebrábamos el Mig Any en la Glorieta y nos poníamos como el Quico, en el Martínez Valero de Elx, al final del partido, se celebraba el principio de lo que se adivina como la recuperación del Depor. Pero, joder, no hagamos como siempre y nos creamos invencibles: seguimos en el fango.

Desde principio de temporada he creído que el Alcoyano tiene un gran equipo, compensado en todas sus líneas, con jugadores altamente polifacéticos, comprometidos, serios y que conocen la categoría. Pero si algo hemos aprendido de cuando teníamos grandísimos equipos es que no garantiza nada. Sólo hace falta echar la vista atrás un poco y recordar el gran equipo que se nos vendió que se había confeccionado durante la temporada de Palop, y no hace falta recordar en qué quedó todo eso.

La temporada pasada Seligrat obró el milagro. Qué diablos, no creo en los milagros. Seligrat consiguió despejar la equis y resolver la ecuación: conjugó un buen grupo, supo conectar con los jugadores y con la afición y tuvo suerte. Suerte como esa lógica abstracta que todos usamos para no mencionar un etcétera. Pero seamos sinceros, la suerte se busca, se lucha y, finalmente, se encuentra. Y Seligrat y el equipo, la encontraron.

Parece entonces que todo lo hizo Seligrat y, joder, cómo no reconocerle su inmenso trabajo, su seriedad, su buen hacer, pero parece ser que sin Seligrat no sabíamos. Hasta ayer.

Gastamos toda la energía creyendo que era posible de nuevo la épica del año pasado sólo porque el equipo era casi calcado -con un año más a las espaldas-, pero olvidamos que cualquiera de nosotros lo somos junto a nuestras circunstancias, y las circunstancias, año tras año, cambian. Ahora tenemos un grupo con más equipos que nos suenan a Primera División que nunca, no haría falta ni mencionarlo. Nos olvidamos de todo lo que hemos aprendido en el fango, durante aquellos duros años de Tercera, antes con la casi desaparición del Alcoyano allá por el 2.000 y, como no, con ese descenso de Segunda división con un equipo que decidió rendirse -por no decir venderse- a mitad de temporada cuando las cosas no pintaban del todo mal.

Ayer, el final del partido supuso a la vez el inicio de algo diferente. Los 3 puntos ganados fueron la medicina que necesitábamos, el caramelo para calmar la garganta irritada y al tos. Pero es un principio, y no deja de ser un remiendo. Porque, tal como dijo Galiana al finalizar el encuentro, aún queda mucho trabajo por hacer.

Es tiempo de continuar cambiando la dinámica, y así lo está haciendo Galiana. Es su trabajo encomendado, es Lobo en Pulp Fiction, el remiendos, el ‘arregla esto y rápido’. La apatía de los jugadores es difícil de revertir y siempre quedan rencillas sueltas. La apatía de la afición es más fácil, nosotros solemos ser incondicionales, al menos sentimentalmente, y eso siempre te anima a saltar a la piscina sin saber cuánto agua hay debajo. Y esta última, si siguen los partidos como el de ayer, ayudará a suavizar la primera.

El equipo había sentido un gran retroceso con Aparicio en el banquillo y según argumentan off the record las metodologías y las ideas eran más bien de siglos pasados, de otro fútbol. Del fútbol de ayer, realmente. Porque el fútbol cambia muy rápido, a veces demasiado.

En este aspecto hubiese estado bien que antes de fichar a Aparicio y evitar hacerle pasar el mal trago de ser relevado después de cinco jornadas -a él y a toda la afición-, se hubiese sabido con seguridad a quien se fichaba y como trabajaba. ¿Dónde están los controles preventivos para que eso no suceda, de quién fue el error, alguien asumió responsabilidades?, el fútbol es así, nos dirán. Pero me quedo con la amarga sensación de que en España eso de las responsabilidades nunca se ha llevado cuando algo nos sale mal y valorar lo que se nos ha quedado cojo, menos aún.

En el fútbol es recurrente escuchar que los jugadores se curten en las derrotas y que es cuando más se aprende, pero nadie quiere estar ahí, nadie quiere vivir ese momento, y perder sólo sirve después, cuando echas la vista atrás, cuando ves las cicatrices cerradas y las heridas bien curadas. Pero es cierto, el fango se aprende, y cuando estás arriba siempre estás a riesgo de meterte un costalazo.

Ahora es tiempo de curar pequeñas heridas. De ser conscientes que, con lo de ayer, no todo está hecho. Continuemos siendo cautos, porque la situación es la que es, y sólo hace falta ver la clasificación para darnos cuenta de que estamos más abajo que arriba. A la vez el partido del sábado contra el Elche sirve para tener la certeza de que podemos ganar contra los todopoderosos, de que no hay por que renunciar a combatir en estos partidos hasta ganar, y la afición de creérselo.

Pero, repito, seamos cuidadosos, porque seguimos en el fango. Lo de ayer es más significativo desde el aspecto anímico que del deportivo. Recordemos que las expectativas crean heridas, y las nuestras no eran estar en el fango. Galiana tiene trabajo y parece un hombre serio y comprometido capaz de darle la vuelta a la situación y, como dice mi amiga Nerea Delgado, si algún día nos damos cuenta que en todas las cicatrices nos han crecido alas, evitaremos más caídas como estas.

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