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Punto de vista
La felicidad del ignorante
Desconozco si el gobierno de Rajoy y sus secuaces habrán cometido alguna nueva tropelía contra los derechos sociales de los ciudadanos
Enrique Peidro, 7/09/2015

Durante los meses que dura el verano vivo completamente ajeno al mundo. Es como si me instalara en una realidad alternativa, en una dimensión paralela que me impermeabiliza de todo lo que sucede fuera de ella. Vamos, que no me entero de nada.

Debido a la rutina que establecemos (levantarnos, desayunar, playa, comida, siesta, más playa…) el televisor se convierte en un elemento decorativo. Prácticamente no lo encendemos para nada. Estas vacaciones, lo confieso, solamente lo he puesto en marcha para ver las etapas más duras del Tour de Francia, justo hasta que Contador perdió todas las opciones de triunfo. No he visto las noticias ni un solo día, porque éstas las emiten justo cuando estamos comiendo o cenando, y en mi casa tenemos por norma tener la tele apagada mientras se come. Por otra parte, perdí la costumbre de comprar la prensa escrita hace unos años, en el mismo momento en que se podía leer gratuitamente en Internet en formato digital. ¿Para qué comprar un periódico cuando puedes leerlos todos sin pagar un solo euro por ello? Cierto es que cada jornada pasaba por delante de un kiosko, porque me venía de camino al bar en el que me tomaba mi cerveza diaria. Pero la falta de curiosidad que produce en mi ser esta dimensión en la que me acomodo en verano evitaba, incluso, que echara un vistazo rápido para ver los titulares. Por lo que respecta a la gran ventana abierta al mundo, Internet, tampoco disponía de conexión. Ordenador portátil sí que me llevé al apartamento de la playa, pero solamente lo he encendido en contadas ocasiones, por motivos de trabajo, para avanzar en la preparación del próximo curso escolar y dejarme a punto el inicio del mismo. Y, claro está, obviamente también lo he usado para escribir ese par de artículos con los que he colaborado en esta misma web. El teléfono móvil, como todos los celulares modernos, tiene conectividad a la red, pero por suerte, en la playa en la que yo veraneo la cobertura es tan mala que a duras penas puede uno recibir emails o cotillear en Facebook. Leer los diarios en el móvil es algo impensable por aquellos lares…

Así pues, repito, no me he enterado de nada de lo que haya podido suceder en España y en el resto del mundo (incluida Cataluña) durante estos meses. Y he sido feliz. Desconozco si el gobierno de Rajoy y sus secuaces habrán cometido alguna nueva tropelía contra los derechos sociales de los ciudadanos o si, por el contrario, han intentado maquillar sus cuatro años de gobierno impopular con medidas-parche y decretos diversos con el fin de paliar el más que previsible batacazo de las próximas elecciones. Y he sido feliz sin saberlo. No he recibido noticias acerca de nuevos casos de corrupción por parte de cualquier desgraciado con posibilidades de meter la mano en la caja de dinero público. Y he sido feliz así. No he oído ningún mensaje apocalíptico de los que seguro que han lanzado los componentes de esos movimientos ciudadanos tan de moda, especialmente Podemos. Y he sido muy feliz. No tengo ni la menor idea de qué habrá pasado con Grecia, su deuda y los planes de rescate que esperaba, ni tampoco sé qué puede haber pasado en la bolsa española. No sé a cuánto está la prima de riesgo ni como cotizan las empresas del IBEX 35 (y, francamente, me importa un bledo). Y he sido feliz. Tampoco sé en qué estado se encuentran las aspiraciones independentistas de los catalanes, ni qué repuesta estarán dando desde Moncloa. Y he sido feliz. Solamente he sabido que el Barcelona ganó la Supercopa de Europa contra el Sevilla (pero sufriendo más de lo que parecía), pero perdió la de España contra el Bilbao (sin sufrir demasiado en esta ocasión). Está claro que el fútbol supera todas las barreras habidas y por haber, es capaz de traspasar esa burbuja en la que nos instalamos algunos durante nuestras vacaciones. Y eso no ha afectado en absoluto a mi estado de felicidad, porque ni soy del Barça ni soy antibarcelonista.

Pero se han acabado las vacaciones y es momento de volver a la rutina. Sinceramente, me gustaría poder mantener este estado de ignorancia en el que he vivido estas últimas semanas para conservar un poco más de tiempo mi felicidad. ¿Sería esto posible? Por desgracia, no. A partir de ahora toca volver a poner las noticias en la televisión, las de Antena 3, que son las que me parecen menos partidistas. De nuevo, por las mañanas, antes de ir a trabajar, hay que leer tres periódicos nacionales (El Mundo, El País y Confidencial), uno extranjero (voy alternando entre Le Monde, Daily Telegraph y Washington Post), alguno deportivo (As es mi favorito) y uno local (El Nostre). Por supuesto, también navegar por algunas webs de noticias de nuestra ciudad (Aramultimedia y Página 66) para saber qué se cuece por Alcoy. Y, como no, leer y compartir la interesantísima entrada diaria con la que nos obsequian los responsables de Tipografía La Moderna.

Se acabó la ignorancia, y con el conocimiento de la actualidad también se termina parte de mi felicidad. Pero no pasa nada. En menos de un año volverá el verano y con él, las vacaciones estivales. Me iré a la playa, desconectaré del mundo y seré muuuuuuuy feliz. Hasta entonces, bienvenidos a la realidad.

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