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Lo innombrable
Unas líneas sobre el eterno debate sobre la duración de las Entradas de Moros y Cristianos de Alcoy
Javier Llopis, 12/05/2019
Foto: Paco Grau

Es uno de esos temas de los que habla toda la gente, pero que nunca salen en los periódicos, ni en las radios, ni en las teles. Una vez acabadas las Fiestas, miles de alcoyanos se hacen unos a otros las mismas preguntas: ¿son demasiado largas las Entradas de Moros y Cristianos?, ¿es soportable un espectáculo que exige al público permanecer no menos de siete horas sentado en una silla? o ¿hay alguna forma de reducir la duración de unos desfiles, que en su tramo final empiezan a sufrir una perceptible deserción de espectadores agotados?.

En el fondo de este debate subyace la eterna disyuntiva de los festejos alcoyanos: ¿están hechos para el público o están hechos para los festeros?. No hay una respuesta clara para este interrogante. Los Moros y Cristianos de Alcoy son una brillante y multitudinaria manifestación cultural y social que cada año hace equilibrios entre el respeto a unos espectadores caracterizados por su altísimo nivel de complicidad y el legítimo derecho de los miembros de las filaes a disfrutar de unos actos en los que han puesto mucho esfuerzo personal, mucho dinero y muchas ilusiones.

El vertiginoso proceso de crecimiento que han sufrido las Entradas en los últimos cuarenta años las ha convertido en el ejemplo principal de la dicotomía público/actores. Los desfiles han visto dispararse el número de participantes y se han convertido en unos eventos colosales, que este año han llegado a reunir a cerca de 12.000 personas. Estamos ante una complejísima coreografía de multitudes, que nada tiene que envidiar a las grandes superproducciones cinematográficas y que sin embargo se gestiona desde el más absoluto amateurismo. Los directivos de la Asociación de San Jorge y los de las filaes son al fin y al cabo personas que destinan buena parte de su tiempo libre a organizar unos festejos muy elaborados de los que se beneficia toda una ciudad.

Descartada para siempre la posibilidad de celebrar las Entradas en días distintos, la única forma de acortar su duración pasaría por reducir drásticamente el número de participantes. Esta solución viene acompañada de una larga lista de consecuencias negativas. La primera es que impediría el acceso al acto central de las Fiestas a miles de alcoyanos (festeros, ballets, boatos, etc), que han encontrado diferentes fórmulas para sumarse al momento más destacado de la Trilogía y que tienen todo el derecho del mundo a disfrutar de una celebración que ha visto crecer en los últimos tiempos su carácter popular y abierto. En segundo lugar, el recorte pondría en riesgo la brillantez y el atractivo de un acto que se ha convertido en imagen de marca de Alcoy y que cada año atrae a miles de visitantes. Y en tercer lugar, habría que hilar muy fino para ver con qué criterios se hace establecerían los recortes, viéndose obligados los directivos festeros a elegir entre meter la tijera a los acompañamientos de los cargos o a los séquitos de las filaes normales, creándose situaciones de verdadero agravio.

El hecho de que nos encontremos ante un problema endiablado no debe impedir que se haga una profunda reflexión para encontrarle soluciones. Los espectadores –sin ellos, todo este ritual carecería de sentido- merecen que alguien haga un esfuerzo para encontrar una salida y evitar que el más mínimo descuadre organizativo acabe convirtiendo una Entrada en una prueba de resistencia física. El público alcoyano apoya su Fiesta hasta extremos que rozan el heroísmo y es capaz de soportar lluvias, calores y fríos polares a pie de calle para no dejar solos a los festeros. A cambio de esa fidelidad a prueba de bombas, se deberían tener en cuenta sus intereses a la hora de abordar el inaplazable ajuste de la estructura de esta gran coreografía festiva.

NOTA: Al margen de estas consideraciones generales, conviene también mirar el asunto desde una perspectiva estrictamente festera. La figura del Alférez es la gran víctima de los excesos de duración. Este cargo, que en muchas ocasiones pone en la calle una comitiva tan potente como la del capitán, tiene que enfrentarse cada año con el riesgo de un público agotado y escasamente receptivo.

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COMENTARIOS

  1. Ricardo says:

    Un veterano fester de la Filà a la que pertenezco ya me confesó que lo de Las Entradas es una barbaridad, que la solución pasa por cada filà durante los años sin cargo: Guió, Relevo de Esquadra/as, Esquadra/as, Banda de Música, Carroza. Y el resto de festeros, «pel Carrer Sant Francesc…»

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