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¿Qué diablos nos pasa?
Una contracrónica del partido Alcoyano - Peralada
Mauro Colomina, 21/11/2017
Foto: Mauro Colomina

La vida es lo que pasa mientras intentas que pase otra cosa. Pasó intentando sustituir a Seligrat después del fracaso con Aparicio. Y pasa ahora, buscando las causas del bajo rendimiento del equipo, sobretodo en casa.

Durante la pasada temporada pasamos por ser un Aquiles, al que sólo consiguió encontrar su talón un Cartagena counter de nuestro fútbol, y de ser semidioses pasamos a ser unos pupas y a hacer buena la máxima murphiana, todo lo que puede salir mal, saldrá.

Este domingo ante el Peralada un gol en contra antes del descanso, una expulsión por agresión del nuevo delantero del Alcoyano, Hernán Lino, que no aguantó ni media hora en el campo y otro gol del Peralada a minutos del final rematando un partido flojo, disponiendo a la afición de la excusa perfecta para marcharse a casa antes del pitido final.

¿Qué hostias le pasa al Alcoyano? Todos buscamos nuestras respectivas e interesadas respuestas: ‘mala fortuna’, ‘no tuvimos suerte’, afirmaba Galiana en rueda de prensa; ‘tenemos que estar mucho más intensos en casa, que es lo que nos está fallando’, decía el capitán Mario Fuentes; en este sentido también se apuntaba a la precipitación y nerviosismo en los partidos en casa; ‘nos falta un mediocentro organizador’, escuchaba de un aficionado mientras salía del Collao; ‘la defensa es un flan’, remarcaba otro.

Galiana afirmó en su presentación que prefería ganar 4 a 3, que 1 ó 2 a 0. Superficialmente se podría sacar la conclusión de que lo que falla realmente es la falta de gol, pero eso es quedarse en la superficie.

No me atrevería a señalar una causa por encima de otras. Sabemos que el deporte es demasiado complejo como para asignarle una sola causa a los malos resultados, y más en los deportes de equipo, donde se generan dinámicas y circunstancias en cada uno de los jugadores que condicionan su juego: lesiones, determinación, estado de ánimo, estado físico… lo difícil es gestionar todo esto y durante esta temporada no se ha conseguido dar con la tecla adecuada. Tal vez porque pensamos que sólo hay una tecla que pulsar, y en cambio es una suerte de combinación mística con aires de acertijo egipcio. No sé. Tal vez los problemas también haya que mirarlos más arriba de lo que acostumbramos.

En el campo se mejoró con el balón parado y José García siguió muy activo en el juego y con buena intensidad, casi lo único reseñable del partido. El resto siguió igual o peor, porque con el resultado no se consiguió ni rascar un punto. Ir al Collao, desafortunadamente, se está convirtiendo en un acto de valentía desinteresado y para muestra un botón: gradas cada vez más vacía. Y más con una afición tan ciclotímica como lo somos la del Collao.

El partido no llegó a ser de nadie. Daba la sensación de que ningún equipo lo sentía suyo, a excepción de media hora durante la primera parte en la que se vio peligro por parte del Deportivo, algún palo y concentración defensiva. Las oportunidades de nuestros locales terminaban en nada y el aliento de resignación de los jugadores traspasaba el campo hasta llegar a las gradas de los aficionados que asistíamos desconcertados a un partido en casa más malo que bueno, como viene siendo costumbre. Esta resignación aumentó cuando Lino, fuera de toda disputa por el balón, reprendió con un codazo al paisano Pablo Carbonell y se fue a la ducha antes de tiempo. La resignación evolucionó hacia la apatía y se apreciaba en los asistentes la sensación de que “nada se puede hacer ya”. Y nada se pudo hacer.

El partido finalizó con aficionados marchando antes de tiempo, sin haber visto a penas fútbol en una jornada que quería suponer la consolidación de la mejoría del equipo y que sólo se quedó en intenciones, con un equipo aguerrido pero falto de ingenio, sin puntería y resignado. Dónde ha quedado aquel otoño suave del año pasado, me preguntaba al salir.

Después del partido consulté a un amigo que había presenciado el partido desde otra grada qué le había parecido, como si eso me diese esperanzas de que había podido ver otro partido diferente al mío, pero evidentemente no.  Sólo me sorprendió una frase que me dijo, supongo que dejándose llevar por un optimismo innato y muy alcoyano: la esperanza es lo último que se pierde. Y pensé, sin decirlo, que tal vez deberíamos perder toda esperanza para volver a empezar de nuevo, aunque eso no toque ahora, aunque sea tarde.

Lo malo no es que yo no sepa contestar a las razones que acechan tras los malos resultados del Depor, lo realmente malo es que parece que dentro del club nadie sabe -o nadie quiere- responder con una mínima certeza y rigurosidad a la pregunta que nos hacemos los parroquianos que asistimos al Collao: ¿qué hostias le pasa al Alcoyano?.

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