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Punto de vista
Jumpman
L’esport és una gran indústria que ben entesa es pot aprofitar per a donar llocs de faena dignes a moltes i moltes persones
En aquesta nova entrega per a Tipografia La Moderna vaig a autoplagiar-me, però és que crec que aquesta idea que revoloteja el meu cap, mereix el màxim de ressò possible i cada vegada que em donen l’oportunitat d’escriure, d’expressar-me, ahí està el meu ‘Jumpman’. Fa ja més de 30 anys que tinc aquesta idea rondant. […]
Punto de vista
1.d4 d5 2.c4
...a vegades sorgeixen menuts miracles com aquest darrer, amb el serial de la noia que juga un “1.d4 d5 2.c4”.
N’estic segur, que com tants altres, i en part jo mateix; ara fa uns segons, vostè s’ha marcat un punt perquè coneixia aquesta successió de moviments que posa títol al present text. Pot ser ho està fingint, perquè acaba d’aterrar en aquest nou diccionari d’entre les seixanta quatre rajoles bicolors, o simplement seguirà llegint per […]
Punto de vista
El imparable impacto del “Penaguilagate”
El escándalo protagonizado por el alcalde nos ofrece un retrato de grupo de la actual escena política alcoyana
El “Penaguilagate”, la noticia de que la primera autoridad alcoyana había fijado su residencia en Penáguila en lo más crudo de la pandemia, ha tenido una inesperada consecuencia: nos ha ofrecido a todos los alcoyanos una valiosa fotografía de grupo de la política local. Tras casi un año de anormalidad, en el que todas las […]
Punto de vista
Un brindis en un funeral
Javier Llopis, 9/03/2016

En una carta solemne, el director de El País informa a sus empleados de la inminente desaparición de la edición en papel del primer periódico de España. Te acercas al cine y disfrutas con Spotlight, una de esas maravillosas películas americanas de periodistas en las que un grupo de intrépidos reporteros arregla el mundo desde una destartalada redacción llena de montañas de papeles y de vasos de café a medio beber.

A los viejos periodistas (a los periodistas viejos) nos gustan las historias en las que David derrota a Goliat a golpes de rotativa. Nos vuelven locos esos finales felices en los que una flota de camiones atraviesa la noche repartiendo por la ciudad los fardos de unos periódicos que aún huelen a tinta y en cuyo titular de apertura se puede leer en letras bien gordas que los buenos han ganado la batalla y que los malos se han caído con todo el equipo. A los viejos periodistas, elefantes moribundos de la selva tecnológica, nos consuela comprobar que el apasionante circo de la prensa de papel todavía sigue dando guerra, aunque sea en el universo imaginario de una sala de cine.

Ver la oscarizada obra de Thomas McCarthy a las pocas horas de recibir el mazazo de la rendición digital del buque insignia del periodismo nacional le añade un punto de tristeza al reconfortante ritual de asistir a un buen espectáculo cinematográfico. Ver Spotlight en esas condiciones es como hacer un brindis en un funeral, como levantar la copa en un velatorio y cantar una balada en recuerdo de alguien muy querido, que se ha ido para no regresar nunca. Las vibrantes aventuras de los periodistas del Globe en su lucha contra la omnipotente jerarquía católica de Boston para sacar a la luz una red de abusos a menores se acaban convirtiendo en una melancólica elegía para una profesión, el periodismo, que vive uno de los momentos más duros de su historia.

Mientras internet arrasa sin piedad hasta las más sólidas cabeceras de papel y mientras el periodismo nuevo busca un lugar al sol de las incertidumbres y de los miedos, películas como Spotlight nos permiten a los veteranos contarles alguna batallita a nuestros hijos y jurarles por lo más sagrado que hubo unos días dichosos en los que las redacciones de todos los periódicos estuvieron pobladas con personajes tan increíbles como los que encarnan Mark Ruffalo o Michael Keaton.

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