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Foto: Paco Grau

Cuenta la leyenda, que por aquel entonces un joven alcoyano con ganas de traca podía saltar de bar en bar desde la calle Santo Tomás hasta las cercanías del Partidor. Corrían los años setenta y ochenta del pasado siglo y el centro de Alcoy vivió una insólita explosión hostelera. Florecían los discopubs con música en todos los rincones del casco antiguo hasta conformar una especie de underground local, compartían protagonismo con viejas bodegas redescubiertas por un público juvenil deseoso de abrir nuevos espacios de encuentro y de diversión. No están todos los que son, pero sí son todos los que están. Ahí va una pequeña lista de establecimientos históricos, en los que muchos cincuentones y sesentones alcoyanos vivieron grandes tardes de gloria.

Dharma
Era la Meca de los bares de “peluts”. Disco bar pionero y ejemplar, en el que se reunían todos los elementos prototípicos de este tipo de establecimientos: dibujos modernos en la decoración, cojines en los asientos y música sesentera y setentera de altísima calidad. Ubicado en la calle San Mateo, a su alrededor se creó una auténtica hermandad de clientes de la que han surgido pandillas indestructibles y sólidos matrimonios que perduran hasta la actualidad. Era, como mandan los cánones, motivo de escándalo para la gente de orden, que siempre lo consideró un antro de droga y de perdición. La realidad era más prosaica, ya que cuando se cruzaban sus puertas lo único que uno se encontraba era un montón de gente variopinta trasegando cerveza y moviéndose a los sones de algún disco de Génesis.

El Parralet
Ver la luna saliendo por la Serreta desde la terraza de El Parralet en una noche de verano era una experiencia mística sólo comparable a uno de aquellos viajes iniciáticos de los hippis a Katmandú. Un bar de barrio, de abuelos que se juntaban a jugar a cotos, se transformó en punto de peregrinación juvenil. Litro y litro, tapas de papas con anchoas, huevos duros y carne Mina de lata formaban el menú de este local perdido en los recovecos de la zona del Forn del Vidre. El acceso al establecimiento era un recorrido lleno de escaleras y misterios, que acababa con un final espectacular: una gran balconada con mesas, situada al borde de un profundo barranco. Alguien tenía que haberlo declarado Bien de Interés Cultural.

Tasca La Vasca
Nido de rojos en la placeta del Museo. En su subterráneo, entre litros de café licor y tapas de callos, se desencadenaban etílicos debates sobre la dictadura, el comunismo y la democracia.  Tenía hasta su cantautor residente, que desgranaba un repertorio formado por temas de la nova cançó e himnos milicianos de la Guerra Civil. Se mezclaban jóvenes ansiosos de emociones políticas, poetas malditos aficionados a la botella y veteranos militantes anarquistas que contaban sus experiencias a una audiencia entregada. Hay ilustres rojazos alcoyanos que presumen de hazañas contra la dictadura, cuyo currículo antifranquista se limitó a unos cuantos discursos y a unos cuantos exabruptos pronunciados en la tranquilidad de aquella tasca.

Diferent’s
Otro de los ilustres bares hippiosos. Ubicado en la calle Embajador Irles, cuando la calle Embajador Irles (aunque parezca mentira) tenía vida, vecinos y hasta comercios. Repetía el esquema básico de estos pubs ochenteros: zona de barra a la altura de la calle y subterráneo (léase celler) misterioso lleno de bancos y de cojines. Buena música y mucha oscuridad formaban una combinación infalible en aquellos tiempos en los que los solos de guitarra de las canciones no valían una mierda si no duraban más de ocho minutos. Con un puntito canalla y con algún que otro cliente peligroso, este bar pasó a la historia organizando una masiva degustación de espaguetis durante un Mig Any. La calle se convirtió en un mar resbaladizo de pasta pegada y de salsa de tomate. De repente, un día cerró y no se supo más.

Los Jamones
Heroico precursor de los afters, este bar de tapas de toda la vida se mantenía en marcha cuando el resto de establecimientos de la ciudad cerraban por orden gubernativa. En una época en la que a las doce de la madrugada Alcoy era un desierto, aquella barra (situada en la Plaça de la Mare de Deu) se convertía en el refugio para todo tipo de almas descarriadas. Bastaba con llamar al cristal de la puerta para que se te abriera un mundo en el que cabía todo: desde los bocatas de jamón, al cubalibre, pasando por un café reconfortante. Cuadrillas de borrachos irreductibles, familias del barrio que bajaban en pijama a tomarse una Coca Cola fresquita y un señor muy raro con bigotillo, vestido con capa española y sombrero, que se arrimaba mucho a los jovencitos formaban la clientela de aquel lugar inclasificable.

Neón
Situado al comienzo de la calle Oliver fue el bar más moderno i “amb més manisetes” de todo Alcoy. De hecho parecía un cuarto de aseo pijo. Las paredes, el suelo, la barra y hasta los aseos – lógicamente –  eran de azulejo pequeño tipo tesela rojo y blanco. Muy limpio y muy lloidor. Los taburetes eran de Mariscal, el diseñador de Cobi que durante unos años estuvo en la cresta de la ola y que ahora tiene una web de retratos https://mariscalportraits.com/es  en la que por un precio medianamente asequible te envía un dibujo a partir de una foto. También había una pantalla gigante donde pasaban continuamente videos de Madonna y de Talking Heads en la recién nacida MTV.

Utopía
Se anunciaba con una pegatina mezcla de acantilado y silueta desnuda de mujer realizada por Xavo, el artista alcoyano residente en Ciutadella (Menorca). Durante el tiempo – no mucho –  que se mantuvo abierto el local, situado al principio de la calle Sant Antoni y decorado de manera frugal con taburetes y sillas de director de cine (muy de moda en aquella época) los “peluts” del momento pudieron deleitarse con la música de King Krimson, Weather Report y con el flamenco de Triana, Lole y Manuel y sobre todo con el de Miguel Vargas Jiménez, conocido artísticamente como Bambino, que pinchaba Toni Couñago como si no hubiera un mañana.

Les comedies
Estaba justo enfrente del bochinche alcoyano por antonomasia, La Penya del Bon Humor. Su nombre seguramente se debía al cercano Carreró de les Comedies, que durante muchos años se utilizó como corral de comedias donde se realizaban representaciones teatrales. El bar Les Comedies fue el primer eslabón entre la transición del bochinche al disco-bar. De hecho sus orígenes se sitúan en la premodernidad anterior al Dharma. Estaba decorado con estalactitas, que no estalagmitas, rollo Casablanca Discogrot y, si se habían bebido los suficientes combinados, se le notaba una cierta retirada a las casa ibicencas de ambiente hippy. Ah, y también había una pared decorada con un mural del pintor y escultor Eduard.

Zeppelin
El Zeppelin aparte de un aerostato autopropulsado con capacidad de maniobra que recibe su nombre en honor del conde Ferdinand von Zeppelin fue un disco bar de moda que durante los años setenta se asentó en la Plaçeta de les Gallines, justo en el lugar donde hasta bien entrado el siglo XX se situó un mercado de aves y huevos. El Zeppelin estaba decorado con melifluos toldos florales a la manera de secadero de telas que más que dotarle de una estética propia se la negaban. En los altavoces sonaba, habitualmente, rock and roll y, por supuesto, lo último, lo penúltimo y lo anterior de la banda fundada por Jimmy Page que daba nombre al lugar.

Naïf
Este pequeño local (cual piso de protección oficial) tenía dos plantas; un estilo musical ecléctico y una decoración amorfa, por no decir inexistente. Este micro establecimiento estaba situado en la calle Santa Rita frente al emblemático Bar Víctor y con él,  formó durante un tiempo lo que se conoció como “zona de la movida pija”. Para corroborarlo en el piso de arriba vivía el decorador oficial de la gente del puntet. Por cierto, la calle Santa Rita era la única calle de Alcoy donde se podía comerciar con caballo sin temor a una denuncia por tenencia y tráfico de drogas, gracias a la Carnicería Equina situada en los aledaños del bar.

Zoo Loco
Era la sede oficial de la movida de pijos bohemios salesianos antes de que la marcha machucha se trasladará a la Plaça de Dins y a otras zonas poco conocidas de la ciudad. Le daba carta de naturaleza al asunto el hecho de que el artista multidisciplinar alcoyano por antonomasia tuviera su estudio y su residencia justo frente al local. Durante las fiestas de San Jorge y noches de entraetes concitaba tanta gente como una manifestación contra la guerra de Irak y bastante más que una en defensa de la Sanidad Pública. Tras una reforma instaló unos urinarios en forma de cascada que, con iluminación adecuada y suficiente alcohol en sangre, te hacían sentir que, en lugar de la calle Venerable Riduaura, estabas orinando en un recodo del río Ucayali. Tras numerosos cierres, es el único establecimiento de la época que mantiene abiertas sus puertas, por lo que se le puede calificar de histórico.

Total
El Total es uno de los bares más recientes de esta lista. Estaba situado en la esquina derecha de la Plaça de Dins, mirando hacia Sant Llorenç, antes de que la Plaça se convirtiera en el pulmón, o tal vez, en el hígado de la vida nocturna alcoyana. El Total, como mandan el canon de antros municipales,  tenía dos pisos. Uno a ras de suelo que se adentraba casi hasta la calle Sant Llorenç y otro superior, pero de baja altura, que hacía que todos los nacidos a partir de los años setenta tuvieran que caminar agachando la cerviz. El Total era con diferencia el local donde sonaba la música más moderna y más cañera de los 80. Pura movida madrileña en el centro de Alcoy.

Los Chorizos
Auténtico templo alcoyano del vino de Montilla. El establecimiento, ubicado en la calle San Agustín, estaba dividido en dos espacios bien definidos: arriba los clientes de toda la vida y abajo, una juventud que había descubierto la maravillosa combinación entre este néctar cordobés y los choricillos al infierno. En aquel local subterráneo del que nunca se iba el olor a humedad se vivieron grandes juergas, fiestones interminables que acababan con las mesas patas arriba y con la merecida bronca del dueño, asombrado ante la llegada masiva del público juvenil y ante la inhumana capacidad de la muchachada para trasegar botellas de vino a granel.

La Parra
Básicamente el bar La Parra era el lugar al que acudían los parroquianos del Dharma cuando consideraban que habían superado el nivel óptimo de Voll Damm, llegando a la conclusión de que sus cuerpos maltrechos por el alcohol necesitaban echarse algo sólido al estómago. Ubicado en el arranque de El Camí, a pocos metros de los pilonets, el diseño de interiores de este establecimiento era todo un reto a la geometría y a la decoración. A pesar de estas limitaciones, la comida barata e imaginativa lo compensaba todo. Sus propietarios animaban sin desmayo un paisaje de ensaladas, tapas y bocadillos en el que no había espacio para las leyes de la etiqueta gastronómica. Aún no se habían inventado los gastrobares y ni puñetera falta que hacían.

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COMENTARIOS

  1. Pep says:

    Molt bo. No teniu més fotos?

  2. Francesc says:

    Quins records més bons! Moltes gràcies. Salutacions a tota la joventut d’aquella data. Fins sempre!

  3. Redacció says:

    No.

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