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Vivimos en un mundo en el que se mitifica la juventud y en el que la gente hace esfuerzos denodados para disimular la edad y los estragos del tiempo. Aunque aquí en Alcoy nos conocemos todos, hay señores y señoras mayores que quieren hacerse pasar por un pimpollo. Para descubrir el engaño, Tipografía La Moderna les ofrece 14 trucos muy sencillos que le permitirán a cualquiera descubrir la edad aproximada de su interlocutor.

1-Referirse a la plaza de Correos como el Terrer
Cuando un alcoyano se refiere a la plaza de Correos (oficialmente Plaza Emilio Sala) como el Terrer, estamos ante una señal inequívoca de que este convecino ha superado la barrera de los sesenta años. Si un joven le pregunta “¿qué demonios es eso del Terrer?”, hay que dar por sentado que será víctima de un largo rollazo, en el que el señor mayor hablará de los viejos tiempos en los que en este espacio urbano se instalaban la feria de las Fiestas de San Jorge, todo tipo de circos e incluso exhibiciones públicas de ballenas disecadas.

2-El Suleika
Un termómetro para saber la edad de un/a alcoyano/a es la palabra Suleika. Si le preguntáis a alguien y os dice que “es un nombre árabe que significa mujer de belleza sin par” es un/una joven feliz e indocumentado/a amante de la cultura oriental y aspirante a primer tro que todavía no ha salido del cascarón. Si la respuesta es “mi madre me ha dicho, mientras comíamos, que ella iba mucho al Suleika”, se trata de alguien que pese a haber cumplido la treintena sigue en casa de sus padres y no lo/la arrancaran de allí ni con lejía. Y si os responde que era una discoteca que había junto al Barranquet de Soler y os da todo lujo de detalles sobre la bola de espejos giratoria, se trata de una persona muy mayor. De hecho, si la queréis, deberíais empezar buscarle una buena residencia de ancianos, en cuando termine todo esto del coronavirus.

3-Haberle comprado pipas al Chuchi en Boina
Antes de la llegada de los ganchitos de queso y de los Doritos con sabor barbacoa, en Alcoy había un señor conocido popularmente como el Chuchi en Boina. Era un pionero de las chucherías, que armado con un carrito vendía golosinas de posguerra a un público infantil que hoy anda ya bordeando la tercera edad. Saber quién era el Chuchi en Boina marca una frontera demográfica muy definida en la que se incluyen unos cuantos miles de alcoyanos que ya son abuelos o que van camino de serlo. Nota: hay una teoría lingüística que asegura que la palabra chuchería es un derivado del histórico Chuchi, aunque nunca ha sido demostrada, en Alcoy resulta bastante creíble.

4-La cara de la montaña
Si oís hablar a alguien de la cara de un tal Franco que se podía ver, cuando no había niebla, en la montaña que domina la Sociedad Protectora de Animales justo antes del Castell de Barxell, ni se os ocurra llamar a Iker Jiménez ni penséis que a vuestro interlocutor se le ha ido la olla. Sencillamente es un tipo viejuno al que le gusta recordar o, en el caso que haya añadido Caudillo al apellido Franco, un facha que añora la silueta del dictador dibujada con piedras blancas que estuvo allí hasta bien entrada la democracia y que desapareció a golpe de pico y pala en cuanto abandonó las instalaciones del Molí Payá el destacamento militar que las habitaba.

5-Los misterios del Pont Nou
La expresión Pont Nou sirve para marcar fronteras de edad entre los alcoyanos. Aquellas personas que han pasado de los 80 años seguirán aplicándole este nombre al puente de San Jorge, a pesar de que esté a punto de cumplirse un siglo desde su construcción. La gente que está entre los 40 y los 60 le aplica la denominación al puente Fernando Reig. Nadie, absolutamente nadie, llama Pont Nou a la pasarela que une el Viaducto con la Zona Norte a pesar de que ha sido la última en construirse. La gente prefiere usar el término “el puente ése, tan raro, que tiene curvas y cuestas”.

6-Ya vamos llegando a Pénjamo
Si cualquier alcoyano/a tomado al azar al oír la palabra Pénjamo le viene a la mente la populosa ciudad mejicana del estado de Guanajuato, es porque se trata de una persona leída o tiene algún hijo/a trabajando en México a causa de las secuenciales crisis económicas que han azotado sin interrupción la vida de la ciudad de los puentes desde 1868 hasta nuestros días. Pero sí además le añade la tonadilla de la canción de Pedro Infante ‘Ya vamos llegando a Pénjamo’ y mientras la tararea le resbala una lágrima por la mejilla al recordar sus experiencias amoroso-bucólico-pastoriles en las cercanías de esa construcción situada en algún punto cercano a la buitrera y conocida como Pénjamo, es porque el alcoyano/a en cuestión “té més anys que el sabó blanet”.

7-Saber qué demonios era la Granja Cecilia
Cuando un señor de edad les habla a los jóvenes de las maravillas de la Granja Cecilia, estos llegan a la conclusión de que se refiere a un emporio agrícola/ganadero en el que una señora llamada Cecilia criaba vacas, gallinas y conejos para su venta el público. Sólo los más mayores saben que la Granja Cecilia era un maravilloso establecimiento hostelero, que en la Avinguda del País Valencià (entonces Generalísimo) intentaba reproducir el modelo de las emblemáticas granjas de Barcelona: un bar especializado en meriendas, desayunos y bollería de calidad. Durante un largo periodo de tiempo la Granja Cecilia fue una catedral para el gremio de “les mullaores”, hasta que cayó víctima de las cafeterías sintéticas.

8-El pont dels soldats
Cuando oiga a alguna persona provecta de sexo masculino referirse al puente de San Roque como “pont dels soldats” (soldado por lo de servir en la milicia, no por estar unido sólidamente a otra cosa) huya como si no hubiera un mañana y ni se le ocurra preguntarle dónde se encuentra ese puente porque se lo explicará. Y no sólo eso, sino que también le contará todos los detalles del cuartel desde su construcción en 1878 hasta su reconversión en Centro Comercial, pasando por su actuación durante el golpe militar de 1936 y la intentona de 1981. Y si debido al aturdimiento, no consigue escapar; aprovechará para relatarle con todo lujo de detalle sus dieciocho meses de mili en el Regimiento de Regulares nº 54 de Ceuta. Avisado queda.

9-Sumbys, yolas y niks
Las marcas de refrescos son un método perfecto para averiguar si un alcoyano ha cruzado la raya que separa la edad adulta de las cercanías de la vejez. La gente que suelta conceptos misteriosos del tipo Sumby, Yola o Nik pertenece a una época antediluviana en la que las grandes multinacionales todavía no habían arrasado la producción local de bebidas refrescantes. Estos brebajes, hechos con agua del Xorrador, tenían un magnífico sabor y una estupenda presentación, pero murieron arrasados por el ímpetu de la Coca Cola, la Fanta y la gaseosa La Casera. Fue ésta la primera de una larga serie de derrotas; tras perder los refrescos, Alcoy perdió el Banco de España, la UNED y el Regimiento Vizcaya 21.

10-Un tricolor
Cuando alguien habla de la tricolor (nombre por el que se conoce la que fue bandera nacional de España durante 1931 a 1939) puede que se trate de un republicano (viejo o joven) que aboga por la reinstauración del régimen democrático conocido como Segunda República que derrocaron los abuelos de algunos que hoy están manejando el timón estatal. Pero cuando alguien menciona un tricolor, en referencia al bocadillo de morcilla, longaniza y chorizo que servían en aquel paraíso gastronómico y filosófico perdido conocido como Bar Tropical seguro que se está acercando peligrosamente a la edad en la que ya no hace falta renovar el DNI.

11- Residencia/Hospital
Alcoy es un emplazamiento sanitario muy raro. Cuando una persona de más de 55 años de edad se pone enferma, les pide a su familia y allegados que lo trasladen rápidamente a la Residencia para que ser atendida allí convenientemente. Si el paciente es joven, solicitará el traslado al Hospital (Comarcal Virgen de los Lirios). Es importante subrayar, que no se trata de dos centros diferentes: Residencia y Hospital son exactamente lo mismo, sus plantillas de sanitarios son las mismas y en los dos casos te suelen atender como a un capitán general. La confusión se debe a una circunstancia curiosa: cuando inauguraron el Hospital Comarcal Virgen de los Lirios, miles de alcoyanos consideraron que el nombre Hospital ya estaba cogido por el Hospital de Oliver (hoy geriátrico privatizado), así que decidieron crear el término Residencia y aunque han pasado décadas, se han resistido valientemente a variar su planteamiento gramatical.

12-Viajar en la Paloma Gandiense
Aunque lo parezca, la Paloma Gandiense no era una orquesta de pulso y púa especializada en tocar versiones de “El Sitio de Zaragoza”. La Paloma Gandiense era una línea de autobuses que unía Alcoy con la capital de la Safor. El viaje era toda una aventura de casi tres horas de duración, que atravesaba las intrincadas curvas del Puerto de Salem y que discurría por los rincones más profundos de las comarcas de El Comtat y de la Vall d’Albaida. Impagable la parada larga en el Bar Los Almendros de Beniarrés, en donde los viajeros podían hasta salir a estirar las piernas y a echar una meadita rápida en caso de que tuvieran problemas de próstata.

13-Catch en el Monterrey
Sólo los alcoyanos muy mayores recuerdan las hazañas de Chato Pastor, Vento, los Hermanos Pizarro y de Santo Enmascarado de Plata (versión nacional del héroe mexicano) en el ring del Monterrey. Eran las grandes estrellas de las veladas de catch en este recinto multiusos, que lo mismo valía para un partido de baloncesto que para una sesión de cine verano. Estas peleas teatralizadas al estilo mexicano contaban con su público; una multitud enardecida que tenía su propio Olimpo de buenos y villanos. NOTA: Especialmente aterradora era la participación en los combates de la Bestia de Borneo; un amenazante y gigantesco luchador con larga melena y taparrabos de leopardo. Aunque el prospecto anunciador señalaba que era un salvaje rescatado de las selvas tropicales, aquel personaje terrorífico hablaba un perfecto valenciano con acento de la Safor. Creo que se llamaba Vicent.

14-Cuando empiezas a conocer gente en los libros de Ricardo Canalejas
Y para terminar, una auténtica e infalible prueba del nueve. Un alcoyano empieza a ser muy mayor cuando empieza a conocer gente que aparece en los libros de Ricardo Canalejas. Las publicaciones de este autor, en las que se recogen fotografías añejas del Alcoy del pasado, se han convertido en un perfecto filtro para fijar la edad de un ciudadano de Alcoy. En el momento en que empiezas a repasar las fotos y a decir frases del estilo “A éste lo conocí yo y era muy simpático”, te das cuenta de que la juventud está muy lejana y de que estás a punto de entrar (o ya has entrado) en la fase de los achaques y los viajes del Inserso.

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