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Semana Santa contra Moros y Cristianos
Dieciséis razones delirantes y casi ciertas sobre la abismal diferencia entre las Fiestas de San Jorge y el ciclo procesional de la Pasión

Tan lejos y tan cerca. La Semana Santa y las Fiestas de Moros y Cristianos se mezclan en el calendario alcoyano, pero presentan abismales diferencias. Los festejos en honor a San Jorge se celebran entre multitudes y con grandes despliegues económicos, mientras que el ciclo de la Pasión se mantiene en unas modestas cifras de participantes y de público, por muchos intentos que se hagan para reactivarlo. Desde Tipografía La Moderna queremos aportar una batería de razones para explicar este contraste.

1-No hay color
Desde el punto de vista del espectador no hay color entre los desfiles procesionales de Semana Santa y los desfiles de las Entradas. No es que no sea posible la comparación. Es que la Semana Santa no tiene color, o si lo tiene el color es negro.  Cosa lógica por otra parte, puesto que se trata de conmemorar  la muerte  de Jesucristo a diferencia de las Entradas que celebran el desfile de unas tropas que caminan alegres hacia la batalla. En cualquier caso el negro choca con la concepción de Fiesta que tienen los alcoyanos. Una explosión de luz y sonido. Una orgía de color (y no solo de color) donde como en cualquier orgia se come y se bebe inmoderadamente y también se cometen otros excesos igual de inmoderados y mucho más interesantes.

2-Reservas limitadas
Aseguran los expertos que la falta de tirón de la Semana Santa alcoyana se debe a motivos que tienen que ver con la Física. Los habitantes de esta ciudad disponemos de unas reservas de energía social muy limitadas y las usamos todas en las Fiestas de Moros y Cristianos. Los actos conmemorativos de la Pasión y Muerte de Jesús están muy cercanos en el tiempo a la Trilogía Georgina, circunstancia que nos obliga a hacer una elección. El resultado de esta disyuntiva siempre es el mismo: los alcoyanos optan de forma masiva por el Ja Baixen y permanecen en estado semiletárgico o directamente desaparecen de la ciudad  durante la Semana Santa. La brutal  y repentina explosión de actividad callejera y festiva del Domingo de Gloria es la mejor expresión de este contraste.

3-Prohibido mirar a los balcones
Otro de los motivos por el que la celebración no acaba de cuajar entre los alcoyanos más predispuestos es el hecho de que no resulta posible mirar a los balcones. Como todo el mundo sabe uno de los momentos más placenteros, casi orgásmicos, de los desfiles de moros y cristianos es cuando el festero (o festera en un futuro) inclina su espalda lentamente hasta formar un ángulo casi recto con sus piernas, extiende los brazos y sonríe mostrando toda su dentición en algunos casos a los balcones y en otros directamente al cielo. Hacer esto en Semana Santa podría provocar un grave riesgo si al inclinar el cofrade la cabeza su capirote de fibra sintética prendiera por azar en el cirio del cofrade que le sigue, le saltase un ojo con la punta del mismo o impactara en las partes blandas de alguno de los espectadores.

4-El omnipresente flato
Otra de las explicaciones de este misterio hunde sus raíces en una de las señas distintivas del carácter local: el flato. Aquí, cuando alguien hace algo, le gusta que la gente se entere y que lo comente en los corrillos del bar y en el facebook. Contempladas las cosas desde este punto de vista, el oscuro anonimato del capirote de un cofrade de la Semana Santa se perfila como una oferta poco atractiva para un alcoyano con afán de “lluir”. Ni comparación con el inmenso ataque de ego que se sufre al hacer una escuadra especial, al salir de capitán moro o de simple maldito con un purazo en la boca, saludando a las amistades durante el largo recorrido de una Entrada.

5-Ara ja puc morir-me
Aunque no es el eje de la celebración, el uso (y en ocasiones el abuso) de determinadas frases es la salsa con la que muchos festeros aliñan su participación en la fiesta. Si dichas frases pudieran utilizarse durante las procesiones probablemente la celebración ganaría en popularidad. Pero este extremo resulta imposible, pues quedarían fuera de lugar. Es el caso de: ‘Ara ja puc morir-me’ (¿sería correcto que un cofrade hiciera uso de ella durante la procesión del Santo Entierro?)  O ‘Açò no s’ha vist mai’ si se trata de una celebración  que hunde sus raíces en al año 1 d.C. que ha sido vista hasta la saciedad en películas como ‘Ben-Hur’, ’La Pasión’ o ‘La Vida de Brian’.  O ‘Em sembla estar en un nuvol’ cuando realmente están en el aire temas como la providencia, el reino de los cielos y la resurrección de la carne.

6-Falta de vocación
La vocación procesional de los alcoyanos es más bien limitada. La mejor prueba de esta situación es que buena parte de las filaes han de perseguir a sus asociados y amenazarlos con medidas disciplinarias para conseguir una representación decorosa en el cortejo de la procesión general del Día de San Jorge. Este sentimiento de cierta resistencia ante los desfiles no festivos ha tenido su reflejo inevitable en la Semana Santa, que ha acabado pagando el pato de nuestra tradicional tendencia a agruparnos en forma de filà.

7-Mestre quina toquem?
Cierto que la música festera como todas las cosas del universo tiene sus agujeros negros y sus espacios de anti-materia. Quien tuvo oídos para oír y se encontró en el lugar adecuado en el momento oportuno en su día pudo escuchar a las huestes alcoyano-mahometanas desfilando al compás de Mamy Blue, Amor Amar o de la sintonía de la serie infantil Pipi Langstrum. Pese a eso la música de Moros y Cristianos gana de calle en la comparación. Las melodías interpretadas por cornetas y tambores son un sonsonete monótono, que en el mejor de los casos recuerdan a una estampida de elefantes o a un atasco, con autobús incluido, en la calle San Nicolás y en el peor a esas dianas cuarteleras con las que el gobierno español amenizaba los despertares de los nacionales a los que les tocó en suerte hacer el servicio militar.

8-Ateos de San Jorge
Alcoy es el escenario de un singular fenómeno religioso único en el mundo. En esta ciudad hay un importante número de ateos que sienten una ferviente devoción por San Jorge. Tipos radicalmente agnósticos, que sólo pisan la iglesia por obligación en bodas, bautizos, comuniones y entierros, tienen una fe absoluta en la figura del mártir de Capadocia y se encomiendan a él cada vez que se ven en un apuro. Para el resto del santoral, somos una comunidad tirando a descreída y a poco practicante en materia religiosa, circunstancias ambas que han acabado por influir negativamente en la Semana Santa.

9-Y sobre el capirote nada
Como todo buen alcoyano sabe los tres días de fiesta son un mero pretexto para calentar el ambiente, ya que la verdadera celebración comienza el día de San Jorge cuando los festeros liberados de sus obligaciones y sus actos protocolarios se tiran al monte, ocultan sus cabezas bajo pelucas de colores, bragas, tangas, collares, gafas oscuras con espejos más grandes que un panel solar, sombreros con botes de cerveza y un tubo succionador, artilugios luminosos, sujetadores con las copas como las carpas del Circo Price, etc. y se lo pasan bien ¿Imaginan a un cofrade luciendo ya no todo el conjunto, un 10%? ¿Aunque sólo fuera unas gafas de sol sobre el capirote? ¿O un rosario con intermitencias luminosas? ¿Se lo imaginan? Pues eso.

10-Demasiada primavera
Dicen los antropólogos que la Semana Santa recoge los fundamentos de una fiesta pagana secular, que se hacía para celebrar la victoria del Dios de la luz sobre la muerte. En los tratados de Antropología se indica que todos estos rituales tenían como objetivo manifestar la alegría ante el equinoccio de primavera, que marcaba la vuelta de la vida a la Naturaleza. Las Fiestas de Moros y Cristianos entran de pleno en el catálogo de estas mismas celebraciones primaverales y en el caso concreto de Alcoy han entrado en competencia directa con el ciclo de la Pasión, imponiéndose finalmente por goleada. Según los expertos, es antropológicamente imposible que ambos festejos puedan convivir juntos en condiciones de igualdad.

11-El perejil de todas las salsas
Por si alguien aún no se había dado cuenta, la policía está al servicio de los ciudadanos. Es por eso que igual que los vigilan con celo cuando han de abandonar sus casas debido a un desahucio o les protegen de los agitadores en las manifestaciones, les acompañan durante las celebraciones más señaladas. Lo que ocurre es que la Policía Municipal vestida con su traje de gala se funde y se confunde en el universo multicolor de las Entradas. Por no hablar de los heraldos que no son autoridad pero que también dan gloria de ver.  Pero una pareja de la Guardia Civil vestida de uniforme junto al Cristo Crucificado es algo solemnemente serio. Acojona. De hecho te entran ganas de irte a casa corriendo a poner la radio a ver si suena música militar. Si además de eso en el desfile toma parte alguna compañía de la Legión o de los caballeros paracaidistas, directamente sales corriendo hacia tu oficina y empiezas a eliminar archivos y correspondencia.

12-Contemplación frente a alboroto
La Semana Santa le exige a espectador silencio y contemplación devota. Los Moros y Cristianos le permiten al público armar alboroto, comerse un bocadillo mientras discurre el desfile y lanzarles papelitos de colores y toda clase de piropos a los protagonistas del acto. Colocados ante esta disyuntiva y dado el carácter gritón, extrovertido y nervioso de los habitantes de esta ciudad, la elección no podía ser otra que los festejos georginos.

13-Se veía de venir
Otro elemento que resta vistosidad a los desfiles de Semana Santa son las carrozas o andas procesionales. Digamos que en el caso de la Semana Santa la concreción temática supone una grave limitación que apenas deja lugar a la imaginación. Las habas están  contadas. Tanto da si la obra es de Salzillo o de Carpintería Perico los Palotes: La última cena es la última cena y queda poco margen para la  improvisación. ¿O a alguien se le ocurriría poner una última con diecisiete apóstoles y un par de camareros? En cambio las carrozas de Moros y Cristianos son un pozo sin fondo. Un universo sin límites donde siempre queda un medio de transporte, una estancia medieval, una fortaleza, un arma ofensiva o  defensiva o un animal mítico o real por descubrir. Por cierto dicen, que el capitán de este año, desfilará a lomos de un ornitorrinco.

14-Cuestión de tiempo libre
La inagotable agenda social de las filaes impide que sus miembros puedan simultanear estas obligaciones con la participación en una cofradía. Intercambio de homenajes, asambleas variadas, debate sobre elección de cargos, días de reconocimiento a la mujer festera, montepíos, discusiones sobre la escuadra especial o sobre los caballeros, conspiraciones ante los comicios del Casal, comidas en masías de la Font Roja o montajes del belén por Navidad conforman un apretadísimo programa, que apenas deja tiempo libre.

15-Las agujas no son para el verano
Otro de los grandes momentos de la Fiesta de Moros y Cristianos es la imposición de agulletes por parte de los caballeros festeros a las damas espectadoras durante la jornada del día de San Jorge. Acto del todo impensable en la Semana Santa. ¿Sería procedente ese contacto tan cercano, en ocasiones casi íntimo, entre festero y espectadora? Por otra parte ¿No se correría el riesgo de que algún cofrade – dejándose llevar por el entusiasmo del momento y teniendo conocimiento de las costumbres arraigadas en otros lugares de flagelarse y auto-lastimarse durante las procesiones – decidiera coger todas les agulletes y  clavárselas en el pecho como muestra de valor/dolor? ¿O caminar descalzo sobre ellas en señal de penitencia?

16-El día de homenaje a la mujer cofrade
Una de las cosas por la que Alcoy es conocido allende su término municipal es por sus Fiestas de Moros y Cristianos y sobre todo por el papel de la mujer en las mismas. Cosa que no ocurre en el caso de la Semana Santa. Así que si las cofradías quieren alcanzar en popularidad a las filaes, desde ya mismo deben empezar a limitar el papel de la mujer en el desfile. Las mujeres pueden portar las vestas y los cirios de los cofrades, pero no ser cofrades. Deben aplaudir desde los balcones, o en el caso  que nos ocupa, cantar saetas. Pueden salir como penitentes pero en ningún caso deberán desfilar junto a cofrades varones. Además vestirán un atuendo distinto al masculino de la cofradía.  A cambio de su silencio y resignación dispondrán del homenaje a la mujer cofrade. Toda una jornada en la que serán reinas por un día.

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COMENTARIOS

  1. Jordi Pons says:

    Els teus comentaris criticant a la «Nostra Festa» comencen ja ha ser una mica espesos…. Fes-t’ho mirar

  2. Jonivesmuler says:

    No se si els de la Tipografía pensen fer-ho, pero trobe que qui s’hauria de fer mirar el seu ets tu, jordipons. Aci en nomenar la punyetera festa, tots de genolls i mirant el cel demanan indulgencia. Quin fastic ja. M’hen vaig a Salou nomes escomencen els fastos de la malaida trilogia.

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