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Despertares
Es una salvaje manera de quebrar el sueño de la gente propia del hombre de Cro-Magnon
Ximo Llorens, 22/04/2014

Hay en Alcoy dos amaneceres al año especialmente sádicos: el del Domingo de Resurrección y el de la Romería a la Font Roja. Es verdad que es un ejercicio de sadismo corto, breve, disfrazado de fiesta además, pero suficiente para dejarte el sistema nervioso hecho papilla mientras aún estás en la cama en la dulce madrugada abrileña o septembrina, tan dulces ambas de dormir.

No sé si es una aseveración que pueda calificarse de científica, seguramente no, pero se me antoja que la última hora de sueño es la más dulce, la más balsámica, cuando la baba se desliza por la comisura de los labios con mansa calma antes del amable despertar a una nueva jornada, y entonces… ¡pum!, un estampido seco y poderoso hace que abras los ojos como si fueran bandejas de camarero; la baba deja de fluir, se seca, y cuando te estás preguntando qué ocurre suena un segundo estampido ¡pum!, y entonces ya medio comprendes, todavía confuso y alterado, que se trata de la ‘despertà’, mote que aunque en el ámbito del simbolismo podríamos asociar a un inicio, a un estreno de esperanza y alegría, al anuncio de una buena nueva, a la manifestación común del sentir festivo de un pueblo, a la comunión y a la voluntad, codo con codo, de ser una unidad de destino en lo espiritual, etcétera etcétera, etcétera, en realidad es una salvaje manera de quebrar el sueño de la gente propia del hombre de Cro-Magnon, si es que el hombre de Cro-Magnon hubiera conocido los fuegos artificiales. Porque tras el segundo ¡pum! vienen otros ¡pums! aún peores, encadenados que van in crescendo hasta acabar en un atronador climax de explosiones. Por si no te has despertado del todo, ¿comprenden lo que quiero decir?, una sucesión de truenos pavorosos como si nos estuvieran bombardeando para asegurarse de que te despiertas absolutamente, despierto por completo. Y te quedas ahí, medio incorporado en la cama, en los casos extremos sudoroso incluso, intentando recobrar el control de ti mismo. Despierto a tu pesar. Y la melodía del despertador no era precisamente un minueto de Boccherini.

Podrán decirme, hombre, tan poco hay que ser tan tiquismiquis, total, por dos días al año… ya ves tú… Y en último caso podrían decirme también: cómprese usted unos tapones. Y es verdad. Por dos días al año que te despiertas con taquicardia -si se te olvida ponerte los tapones- no vas a exigir la abolición de tan molesta práctica siendo como eres minoría cuando la inmensa mayoría, por lo visto, se despierta con los estampidos de lo más ilusionada, llena de alborozo, colmado su espíritu de gozo, la gente da saltos de alegría en la cama tras las explosiones, llena de optimismo, radiante a más no poder, encantada de que la hayan despertado a base de zambombazos y detonaciones… feliz. La mayoría sí, pero no todos ¿eh? Porque de todo hay en este mundo. No son pocos quienes esas dos mañanas sustituyen el café por la tila.

Me pregunto si en el hospital funciona la unidad del sueño esos dos días.

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COMENTARIOS

  1. Bernarda Soares says:

    Es una manera un poco brusca de despertarse, sí, pero también – como dice usted- es un poco tiquismiquis. No es necesario tomar tila sino tomar esos despertares que tanto le inoportunan como una alegoría al día día, en los que hay sustos inesperados y seguramente… más de dos veces al año. Le recomiendo que ni tapones, ni tilas ni nada de artificios para poder paliar el legendario estruendo alcoyano, mejor aproveche esos momentos de vigilia matutina para deleitarse con el mensaje que lanzan subliminalmente los alborotadores petardos. Ya sabe que: “lo esencial es invisible a los ojos” ¡y a los oídos!

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