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La memoria
El Marajá del abisinio
Un recuerdo de Salvador, del Bar Tropical, recientemente fallecido
Mario Candela - 10/05/2026
El Marajá del abisinio
Portada del libro que le dedicó Joan Borja

De Salvador (Salvador Giner Vidal nacido el 23 de agosto de 1934 en Benimantell y recientemente fallecido) tenía un gran recuerdo, como también de su familia, porque me trataron estupendamente y desde luego por su cocina, por su servicio en el Bar Tropical. Era adicto, cuando la economía juvenil me lo permitía, de la sangre en salsa y la palmera de Coca Cola  y por supuesto de los abisinios, que era una de sus especialidades.

El Bar Tropical forma parte de la historia contemporánea de Alcoy, de la mitología urbana, como otros establecimientos de leyenda. Es curioso, porque hace no mucho que también desapareció Rafael Hernández, que durante décadas gestionó el bar del mercado de San Mateo, cuando Alcoy tenía una única lonja -alias, la plaça– con solo un establecimiento hostelero. Una vez, hace siete lustros, le entrevisté y me contó que era el primero que llegaba al edificio, antes de las cuatro de la madrugada, para que todo estuviera en marcha cuando llegaran los vendedores y clientes más tempraneros.También era un negocio familiar e igualmente eran oriundos de la Marina.

Salvador era gentil, extrovertido, amable -como todos los hosteleros de la vieja guardia- y con su esposa Tavi y su familia hacían unas tapas épicas, en un local exiguo. Todos apreciábamos su cocina y más si cabe cuando cerró, en agosto del 99, si la memoria no me es infiel (es fácil de recordar: coincidió con el triple crimen de Benifallim). Ahora forma parte, como he dicho, de la leyenda urbana.

De vez en cuando coincidíamos o veía su carismático utilitario -un Renault 6 tostado- hasta que volvió a Benimantell, donde ha residido en la última época. Reanudé el contacto recientemente y de manera indirecta, porque Joan Borja inauguró la colección Veus de la memòria, con una publicación dedicada a Saoret del ros, alter ego de Salvador Giner Vidal. Él y Tavi tuvieron el gigantesco detalle de señalármelo, con una dedicatoria verdaderamente intimista y que comparto, sobre todo, porque me da la sensación que guardaron un buen recuerdo de mi humilde y modesta persona.

Ahora ha terminado el viaje, pero es consciente de que su legado es eterno. Hay publicaciones que lo señalan, pero básicamente hay memoria, la de todos los que disfrutamos de su cocina y, más que nada, de su carácter y su amistad.

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