Hay un convencimiento prácticamente unánime de que el dictamen negativo de la Conselleria de Medio Ambiente entierra para siempre el proyecto de un gran polígono industrial en la Canal. Se trata de un acontecimiento importante, que tendrá una influencia clave sobre el futuro de la ciudad. Como todos los sucesos de esta envergadura deja colgando una serie de flecos políticos, económicos y sociales, que se analizan en este artículo. Se abre el debate post mortem de la Canal, que será el gran protagonista de la política alcoyana a lo largo de los próximos años.
1-El hombre que no pintaba nada
Carlos Pastor, portavoz y probable candidato del PP a la Alcaldía, es sin ningún género de dudas la principal víctima política del final de la Canal. La forma en que se han desarrollado los acontecimientos demuestra que este hombre no tiene ninguna influencia en las alturas valencianas de su partido. Sus compañeros de la Conselleria de Medio Ambiente le han colado un informe rotundamente negativo, que podría firmar hasta el ecologista más radical. Por si esto fuera poco, ni siquiera le han dejado administrar los tiempos y ha sido la Carrasca la que ha hecho público el informe sin dejarle al líder popular alcoyano ni el más mínimo margen para hacer una versión edulcorada del documento. Ante los empresarios promotores del proyecto Alcoy Sur, Pastor se ha mostrado como un político decepcionante e ineficaz, dejando patente su incapacidad para actuar como interlocutor ante el gobierno autonómico de Pérez Llorca. El prestigio del portavoz popular queda seriamente tocado y sus declaraciones sobre la continuidad del plan industrial suenan a lágrimas de cocodrilo.
2-En la equidistancia se vive cojonudamente
Como alcalde, Toni Francés ha tenido dos encontronazos con el proyecto de la Canal. En los dos casos alguien ha hecho su trabajo por él: el plan de La Española se lo paró el Tribunal Supremo y el Alcoy Sur ha sido enterrado por un informe de los técnicos de la Conselleria de Medio Ambiente. El primer edil ha vivido 16 años instalado en la equidistancia, convencido de que así iba a reducir el desgaste político que genera esta polémica iniciativa. Aunque el alcalde tiene fama de fino estratega, crece el número de analistas que están convencidos de que en su intento de quedar bien con todo el mundo ha conseguido justamente lo contrario: cabrear por igual a defensores y a detractores de la Canal. Otrosí: se supone que al hombre que ocupa el sillón de la Alcaldía la gente lo ha votado para que tome decisiones y se moje el culo. A este respecto, la tendencia de Francés a rehuir una postura clara sobre la Canal, dejándolo todo en manos de los técnicos, ha tenido una consecuencia clara: durante sus 16 años de mandato, Alcoy no ha generado ni un solo metro cuadrado de suelo industrial. Y eso… queda fatal en la biografía.
3-Los empresarios y el cambio de repertorio
Las organizaciones empresariales y las instituciones económicas alcoyanas llevan décadas cantando la misma canción: un tema apocalíptico que se titula “Canal o muerte”. En el caso Alcoy Sur, los sectores patronales han efectuado una auténtica ofensiva en la que destacaban un informe técnico justificando el proyecto y una potente campaña propagandística. El dictamen de Medio Ambiente y la posterior (y lógica) intervención del alcalde desmarcándose del proyecto suponen una enmienda a la totalidad a esta estrategia. Los dirigentes empresariales alcoyanos han vivido ensimismados en torno a la Canal, mientras los gobiernos autonómicos y centrales repartían por la geografía valenciana palacios de congresos, centros para el desarrollo de empresas tecnológicas, nuevas carreteras, nuevos planes ferroviarios o mejoras en las infraestructuras educativas. Estas bicocas caían en todos los sitios menos en Alcoy, por una razón muy simple: aquí, ningún agente económico las reivindicaba; aquí, nadie pedía nada porque nuestros líderes estaban demasiado ocupados defendiendo un plan especulativo y explicándonos que una extraña magia geológica impediría que se colaran aguas residuales de las fábricas en el acuífero del Molinar. A los hombres que mueven Alcoy les ha llegado el momento de cambiar de repertorio, si no quieren sumergirse en la irrelevancia pública durante una larguísima temporada.
4-La Generalitat de tócame Roque
Para que no falte de nada, el último capítulo del culebrón de la Canal ha tenido la desgracia de coincidir en el tiempo con la peor Generalitat Valenciana de la historia: la de los 230 muertos de la DANA. Alcoy Sur tuvo su principal apoyo en el gobierno que dirigía el infame Mazón y que dirige (nadie sabe hasta cuándo) el interino Pérez Llorca. El desconcierto que se vive en el Consell se ha contagiado a la gestión de esta obra estratégica. Hemos visto al president anunciar inversiones para un proyecto desautorizado por los técnicos de su propia administración. También hemos visto a la Conselleria de Industria descalificando a la de Medio Ambiente y si sigue el asunto así, todavía veremos unas cuantas cosas más. El apoyo autonómico del PP es un caso claro del “con amigos como estos, la Canal no necesita enemigos”.
5-El inédito brillo de la esperanza
A lo largo de los últimos 30 años, en Alcoy no se ha hablado ni un segundo de desarrollo de un modelo territorial. La violenta polémica “Canal sí, Canal no” ha impedido cualquier aportación enriquecedora para impulsar una estrategia de futuro para la ciudad. Si de verdad estamos ante el final de este endemoniado proyecto urbanístico, habría que admitir que por primera vez en mucho tiempo se abre un hueco para la esperanza. Eliminado el motivo central del enfrentamiento, Alcoy tiene la posibilidad inédita de encarar desde el consenso un plan para diseñar las dinámicas económicas para los próximos años. Decenas de estudios de perspectivas para esta comarca, elaborados en su día por las más altas instituciones (Caja de Ahorros del Mediterráneo, Diputación Provincial o Conselleria de Territorio), apostaban claramente por una política industrial de ámbito comarcal. Puede que haya llegado la oportunidad de convertir en realidad aquellas declaraciones de buenos propósitos a las que nadie les ha hecho ni el más puñetero caso.