Acaban las Fiestas, empieza mayo y Alcoy entra de lleno en un año electoral. La convocatoria para las municipales de 2027 se presenta con una singularidad cuya importancia política ha de ser tenida en cuenta: el primer partido de la ciudad, el que la ha gobernado a lo largo de los últimos 15 años, no ha decidido todavía quién será su candidato a la alcaldía. Aunque haya mucha gente empeñada en ignorarla, esta anomalía tendrá una enorme influencia sobre los acontecimientos políticos de los próximos meses y de la forma en la que se resuelva este problema dependerán los resultados de los próximos comicios municipales.
El responsable de esta situación tiene nombre y apellidos: Toni Francés Pérez, el alcalde de Alcoy, que no ha querido despejar las dudas en torno a su futuro. Llevamos meses y meses de insinuaciones y de sonrisitas de misterio y todavía no sabemos si el primer edil de Alcoy usará el privilegio que le conceden los estatutos socialistas en el que se garantiza que los alcaldes en ejercicio puedan repetir como candidatos sin tener que pasar el trámite de unas primarias. Lejos de estar ante un gesto de prudencia, nos hallamos ante una demostración de irresponsabilidad por parte de este político socialista: cada día que pasa sin resolverse esta extraña situación, van mermando las expectativas electorales de su partido, sea quien sea el que ponga la cara en el cartel.
Los resultados de las últimas elecciones municipales (pérdida de 3 concejales y de más de 4.000 votos) parecían situarnos ante un inevitable relevo en la cabeza de lista del socialismo alcoyano. El mismo partido ratificaba este deseo de cambio, derrotando a una candidatura a la secretaría general apadrinada por el alcalde y convirtiendo a Lorena Zamorano en la máxima dirigente orgánica del socialismo alcoyano. Mientras la flamante secretaria general aprovechaba cualquier entrevista para expresar su deseo de convertirse en candidata a la alcaldía, Francés protagonizaba un extraño movimiento de freno y marcha atrás y se dedicaba a sembrar dudas sobre su futuro, dejando siempre abierta una puerta para repetir como cartel electoral, a pesar de que en diferentes ocasiones había insinuado su intención de dejar la política municipal. Los últimos meses han servido para confirmar este extraño momento del PSOE local: la presencia pública del alcalde se multiplicaba hasta la exageración, mientras quedaba marginada la figura de Lorena Zamorano; la única persona que hasta la fecha ha expresado su intención de ser candidata a la alcaldía de Alcoy por el PSOE.
La inclasificable actitud del alcalde de Alcoy sólo tiene una explicación creíble: su empeño en mantenerse aferrado a la política local responde a que, de momento, no tiene otro sitio mejor al que ir. La posibilidad de repetir como candidato a la alcaldía es su única arma de negociación con la dirección del PSPV, a la que Francés le pide un buen puesto en las listas autonómicas o generales a cambio de renunciar a continuar en el ayuntamiento. El tiempo corre a su favor, ya que se barajan dos hipótesis y las dos son malas: ofrecerle al electorado un candidato (él mismo) con mucho desgaste al que no quiere ni su propio partido o poner en el cartel a una Lorena Zamorano que apenas ha tenido tiempo de promocionarse como aspirante al cargo de alcaldesa. Este paisaje -con un más que probable retroceso socialista- es especialmente amenazador para la continuidad de un gobierno de izquierdas, si tenemos en cuenta que en todas las encuestas crece el dúo PP/Vox, hasta anunciar cambios de color en buena parte de las instituciones políticas del país.
La alcaldía de Alcoy se ha convertido en un rehén en manos de un político que está utilizándola para asegurarse una buena salida para su carrera personal. Manda la tradición que los relevos de los dirigentes importantes (y Toni Francés es uno de ellos) acaben convertidos en procesos traumáticos carentes de cualquier asomo de grandeza, que dejan seriamente tocados a los partidos y que durante años ponen patas arriba el escenario político en el que se producen. El actual alcalde de Alcoy parece empeñado en ajustarse a este siniestro guion y en soltarnos una buena ración del viejo “después de mí, el diluvio”.
Mal asunto.