Una Conselleria de Medio Ambiente, controlada por el Partido Popular, firma un informe sobre el último proyecto de polígono de la Canal que podría haber suscrito la mismísima Colla Ecologista la Carrasca. Este documento, escondido por razones obvias durante dos meses y medio, entierra la alternativa Alcoy Sur con los mismos argumentos con los que fueron enterradas las anteriores versiones de este despropósito: el plan industrial incumple la normativa ambiental, tendría un impacto severo sobre la Font Roja y sólo podría ejecutarse una parte muy pequeña del mismo, en unas condiciones que convertirían esta actuación en una iniciativa económicamente insostenible. Queda claro que estamos ante el final de trayecto de una obra que empezó a recorrer los inciertos caminos de la actualidad allá por el año 1995.
Tras la difusión de este documento, la lógica aconsejaría a los promotores del proyecto tocar retirada, reconocer el error, pedir disculpas a la ciudadanía y dedicar sus esfuerzos a tareas más loables. Cualquier otra salida a esta situación supondrá incurrir en un acto de grave irresponsabilidad. A lo largo de los últimos 30 años han firmado documentos cuestionando la idoneidad de la Canal consellerias del PSOE, consellerias del PP, ayuntamientos de Alcoy y de Ibi, el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat, el Tribunal Supremo y un buen número de organismos públicos entre los que se incluyen algunas universidades de prestigio. ¡No señores, no se trata de un grupo de exaltados ecologistas bloqueando el futuro de la ciudad por un enfermizo afán de destrucción!. Se trata básicamente de una relación inacabable de instituciones públicas diciéndonos que esta infraestructura es inviable y aportando una serie de razones fácilmente comprensibles para cualquier persona que no confunda la realidad con sus deseos personales. De todos estos estudios, se puede extraer una conclusión clara: la única forma de hacer un polígono industrial en el paraje de la Canal pasa por incumplir la ley o por modificarla para adaptarla como un guante a las discutibles intenciones de un grupo de particulares que intentan algo que se parece demasiado a un pelotazo urbanístico.
El viejo discurso de que el futuro de Alcoy pasa obligatoriamente por el desarrollo del proyecto industrial de la Canal es (por si alguien albergaba todavía alguna duda) papel mojado, pura retórica interesada. A lo sectores empresariales que lo han defendido les toca ser realistas y buscar otras ubicaciones. A lo partidos políticos -PP y PSOE- que de alguna manera han contribuido a mantener viva esta falacia les corresponde plantear nuevos temas si quieren elaborar una política de promoción económica realmente útil. Y la todopoderosa Generalitat Valenciana está ante el deber de recuperarse del ridículo cometido (el proyecto estaba ya condenado por una administración cuyo presidente no dudaba en venir a Alcoy a cantar sus excelencias) y de buscarse interlocutores más fiables en esta ciudad perdida entre montañas.
No hay que preocuparse por la posibilidad de que todas aquellas instituciones, partidos y personas que a lo largo de tres décadas han cantado las alabanzas de la Canal caigan en un estado de depresión. Por suerte o por desgracia, Alcoy tiene una inacabable lista de temas pendientes en los que pueden centrar sus ansias reivindicativas: desde la búsqueda de suelo industrial factible y adaptado a las necesidades reales de la industria actual; a la revitalización de un sector comercial que vive una profunda crisis; pasando por exigir que vengan a Alcoy muchas de esas inversiones públicas en materia de tecnología que se están quedando a chorros en la capital de la provincia o por reclamarle a la Generalitat que llene de contenidos el ilusionante (y hoy boicoteado) complejo de Rodes.
Por contra, si todas estas voces se empeñan en seguir reivindicando un proyecto imposible, crecerán las sospechas en torno a sus verdaderas intenciones. Por muchos aspavientos patrióticos de alcoyanía que hagan, su empecinamiento en agarrarse a un proyecto absurdo nos dejará la sospecha de que toda esta historia de la Canal era desde el primer día una operación oscura destinada al beneficio de unos pocos, aunque para ello fuera necesario perjudicar a toda la ciudadanía.
Un deu, Javier. Com sempre:lúcid i racional